Madrid - Publicado el - Actualizado
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En Berlín se han dado cita Angela Merkel, Theresa May, François Hollande, Mateo Renzi, Mariano Rajoy y Barak Obama. Esta cumbre no es otra cualquiera. Obama se despide en un intento de mostrar que las relaciones entre Europa y Estados Unidos no sufrirán grandes cambios, May se esfuerza por asegurar que Gran Bretaña estará lista para iniciar la desconexión en marzo, y la presencia de España en la cumbre, después de casi un año de Gobierno en funciones, parece normalizarse.No todo son malas noticias, aunque todos saben que la incertidumbre será la nota dominante en la política europea de los próximos meses. Incertidumbre hacia fuera porque las relaciones de Trump con Putin serán determinantes para una Europa que acaba de ratificar sus sanciones a Rusia, e incertidumbre hacia dentro porque el Brexit tendrá consecuencias graves, sí o sí. Sumemos a ello que el fantasma de los populismos amenaza el orden democrático que conocemos y que de la reacción de las instituciones europeas y los gobiernos nacionales depende el futuro de ciertos partidos políticos antisistema.Cada día que pasa, la interdependencia entre las naciones y los gobiernos europeos es mayor. La integración progresiva es un imperativo y las diversas circunstancias nacionales no pueden ser un freno. Europa es un proyecto necesario que el G5 debe liderar, fortalecer y potenciar.



