¿Es este el principio del fin?

Lo que ha sucedido durante esta semana en las calles de Barcelona o de Lérida es grave, gravísimo

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COPE.es

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 19:32

Tras cuatro noches de violencia, Barcelona ha amanecido semiparalizada por la huelga general decretada e impuesta por el independentismo, y a la espera de la llegada de las cinco marchas procedentes de otros tantos puntos de Cataluña. Se trata de mantener cohesionado al movimiento independentista para evitar fracturas internas que puedan debilitarle. Porque ese es el primer y principal temor del movimiento independentista. Un temor que responde a tensiones latentes que acabarán estallando públicamente, como ya ha pasado entre el Presidente Torra y su Consejero de Interior. De ahí que la imagen de unidad y apoyo social que la ANC y Ómnium quieren dar hoy desde Barcelona, no es ante todo un mensaje para el resto de España, sino una forma de presión a los partidos independentistas.

Lo que ha sucedido durante esta semana en las calles de Barcelona o de Lérida es grave, gravísimo. Debe ser perseguido y castigado. Pero quizás sean los últimos estertores del movimiento independentista tal como lo hemos conocido. La ANC y Ómnium pelean por mantener prietas las filas, pero una vez la policía haya hecho su trabajo y la justicia se ponga a investigar e identifique a los culpables, el independentismo no tendrá otro remedio que hacer examen de conciencia. No solo es Torra quien debe decidir si ser activista o Presidente de la Generalitat. Son todas las fuerzas políticas independentistas las que tendrán que decidir si hacer política, o seguir viviendo del cuento. 

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