Madrid - Publicado el - Actualizado
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El Papa Francisco ha publicado este fin de semana una Carta Apostólica, en forma Motu Proprio, que lleva por título “Como una madre amorosa”, un documento que explica y esclarece de qué manera dos leyes, ya vigentes, del Derecho Canónico permiten enjuiciar a los obispos que fueron negligentes en caso de abusos sexuales contra menores o personas vulnerables. Con la conciencia clara, se dedica una atención vigilante para que este tipo de casos no se produzcan. Un solo caso de abuso es demasiado y la Iglesia vuelve a demostrar, con hechos, cómo viene trabajando desde hace tiempo en la prevención y en la actuación, con verdad, justicia y misericordia, así como con protocolos completos que bien pueden ser un modelo para otras instituciones. Porque una cosa es el estereotipo burdo y grosero, con el que en ocasiones se pretende estigmatizar a la Iglesia en su conjunto, dando a entender que se trata de un problema generalizado en la institución y casi exclusivo de la Iglesia, y otra bien distinta los datos reales de esta lacra, que afecta a toda la sociedad. La Iglesia se lo toma en serio y, en la medida en que se ve afectada, actúa consecuentemente, en este caso con un nuevo documento de Francisco, que profundiza en otros trabajados y ampliados por San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Como Madre amorosa que es, la Iglesia ama a todos sus hijos, pero cuida y protege con afecto particular a los más pequeños e indefensos; una tarea que Cristo confía a toda la comunidad cristiana en su conjunto y que atañe especialmente a los pastores.



