Madrid - Publicado el - Actualizado
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El Presidente de la Generalitat se ha enfrentado a una cuestión de confianza de la que ha salido aparentemente victorioso gracias al anuncio de la convocatoria de un referéndum unilateral de independencia a celebrarse en el mes de septiembre de 2017. Nada nuevo bajo el sol, por grave que sea que una autoridad del Estado que ejerce su mandato de acuerdo al orden constitucional se arrogue el derecho a trastocarlo de manera unilateral.Llegados a este punto y con el socialista Iceta dispuesto a pedirle a Puigdemont que cambie promesas por apoyos, ha llegado la hora de la sociedad española. La cuestión exige la implicación de la ciudadanía, más allá de las siglas de los partidos con representación parlamentaria. En España hay algunas iniciativas sociales frente al secesionismo, pero hace falta una movilización transversal y plural, que haga valer en las calles, en los medios de comunicación y en las instancias civiles el sentido de pertenencia y cooperación. Los mecanismos institucionales funcionarán, pero su alcance es limitado si no se registra un movimiento ciudadano de promoción y defensa de la unión entre todos los españoles. En tiempos de hartazgo político en los que la ciudadanía parece reclamar mayor participación en los asuntos públicos, este es un asunto prioritario para alcanzar, como tantos dicen soñar, una nueva política.



