Transparencia en nuestras relaciones con China
España no puede actuar como si sus decisiones fueran ajenas a Bruselas ni ignorar la inquietud creciente de sus aliados ante este giro cada vez más pronunciado hacia Pekín

Escucha la Línea Editorial de la madrugada del 16 de abril
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Este miércoles ha concluido la visita oficial de Pedro Sánchez a China. Es su cuarto desplazamiento en otros tantos años, lo que evidencia una aproximación estratégica de La Moncloa al Gobierno de Xi Jinping. Nadie discute que China es una potencia con una influencia comercial, económica, demográfica y militar de primer orden. Mantener con Pekín un diálogo fluido y realista no solo es razonable, sino necesario. Sin embargo, elevar a un régimen no democrático a la categoría de socio preferente entraña riesgos que el Ejecutivo parece dispuesto a ignorar.
El comunicado oficial del Gobierno chino tras la visita de Sánchez incluye algunos pasajes que merecen atención urgente. Según Pekín, España se habría adherido "firmemente al principio de una sola China". Esta fórmula no es un tecnicismo diplomático menor: es el eufemismo con el que la República Popular avala su pretensión de anexionarse Taiwán. Si Madrid ha asumido ese compromiso, el Gobierno tiene la obligación de aclararlo de inmediato, porque supondría un vuelco sin precedentes en la política exterior española.
España no puede actuar como si sus decisiones fueran ajenas a Bruselas ni ignorar la inquietud creciente de sus aliados ante este giro cada vez más pronunciado hacia Pekín. Los intereses nacionales, el marco común de la Unión Europea y la defensa de los derechos humanos son los únicos criterios que deben regir cualquier vínculo con China. Por ello, resulta inexcusable que Sánchez comparezca y explique con toda la claridad cuáles son los motivos de este cambio de rumbo.



