Nuestra Constitución más longeva
La institucionalidad democrática ha generado estabilidad y paz social, se ha impuesto al terror etarra y a los intentos de golpe de Estado

Línea Editorial de la madrugada del 18 de febrero
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La Constitución de 1978 es, de facto, la más longeva de la historia constitucional de España. Y esto ha sido posible, entre otras cosas, porque frente a la Constitución canovista de 1876, la vigente no lo es de unos u otros españoles, sino de todos y para todos. La Constitución del 78 reconoce a todos los españoles los mismos derechos y libertades con independencia del credo que profesen, del partido al que voten o de la lengua materna que hablen. La institucionalidad democrática ha generado estabilidad y paz social, se ha impuesto al terror etarra y a los intentos de golpe de Estado, ha garantizado la alternancia política y contribuido a superar los viejos demonios de las dos Españas. Las leyes, ninguna ley, tampoco la Constitución, es perfecta ni eterna.
El discurso del Rey en su conmemoración, ante el pleno de la Cortes, ha reivindicado el realismo frente a la complacencia y el derrotismo. Y la realidad enseña que la Constitución del 78 es la expresión de un compromiso colectivo después de 40 años de exclusiones, de vencedores y vencidos, de patriotas y antipatriotas. La obra política, jurídica y social nacida de la Constitución ha ido dando forma un pueblo plural, diverso y dinámico. La obra no está terminada porque es dinámica, pero para que siga avanzando requiere de su cumplimiento. Hace más de 2.000 años ya lo sentenció Cicerón. Y ayer como hoy sigue siendo cierto que la obediencia a la ley es auténtica garantía de libertad.



