
Línea Editorial del 7 de marzo de 2026
Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura1:42 min escucha
Sánchez ha anunciado su intención de comparecer en el Congreso para informar de la posición del Gobierno en la Guerra de Irán. La oposición le ha exigido que pida al Congreso autorización para enviar la fragata Cristobal Colón a Chipre para defender, junto a otros países de la Unión Europea, a un socio que puede verse afectado por el conflicto. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha respondido que no es necesaria la autorización porque la misión es la continuación de otra que ya estaba en marcha. Argumento que sin duda tiene mucho de ficción. Sánchez debe comparecer en el Congreso y obtener la autorización de la cámara. Pero mucho más importante es que el presidente del Gobierno no pretenda instrumentalizar esta guerra con lemas viejos. El solo hecho de que se discuta si el envío de una fragata para proteger a Chipre ha incumplido la legalidad es la mejor prueba de que el “no a la guerra de Sánchez” no está a la altura de la complejidad de la situación.
En esta guerra, como ha señalado el secretario de Estado del Vaticano, “la justicia ha sido sustituida por la fuerza con la convicción de que la paz solo puede alcanzarse tras la aniquilación del enemigo”. Pero la respuesta de Irán ha provocado una espiral que llega hasta las aguas del Mediterráneo y es necesaria la defensa de los países que puedan verse afectados por las represalias. Sánchez es consciente de que no puede desmarcarse de los movimientos que hacen nuestros socios europeos para garantizar esa defensa. La situación es tan compleja y grave que convendría olvidarse de la demagogia, del tacticismo que solo pretende conseguir una victoria política que dura horas.



