Epstein, el símbolo de una élite dañada
Casos como el de Epstein demuestran que cuando el poder protege o normaliza el abuso, no fracasa sólo un individuo, también el pacto ético que sostiene nuestra convivencia

Madrid - Publicado el
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Jeffrey Epstein es una de las figuras más siniestras de la criminalidad reciente en los Estados Unidos. Tras la publicación de miles de documentos judiciales vinculados a su entorno, ha vuelto a ponerse de manifiesto la amplitud de sus relaciones sociales y la cercanía que mantuvo con personas de enorme poder e influencia.
Epstein fue condenado en 2008 por delitos sexuales relacionados con el abuso de menores. En 2019 fue detenido de nuevo y acusado de tráfico sexual de menores, aunque murió en prisión antes de que el proceso llegara a celebrarse. La reciente desclasificación de estos archivos ha reavivado el debate público sobre la red de contactos que rodeaba al magnate y sobre la impunidad de la que disfrutó durante años.
La publicación de estos documentos no implica que las personas que aparecen en ellos hayan cometido delitos. El tiempo permitirá determinar dónde existen responsabilidades penales, qué conductas son verdaderamente reprochables y qué relaciones o apariciones públicas resultan meramente circunstanciales. Lo que sí sabemos ya es que Epstein no fue un depredador aislado, sino un individuo que se movía con comodidad en la cercanía del poder.
Que miembros de las élites mantuvieran relaciones con una figura tan dañina como la de este abusador constituye una señal inquietante sobre la tolerancia moral de ciertos entornos privilegiados. Casos como el de Epstein demuestran que cuando el poder protege o normaliza el abuso, no fracasa sólo un individuo: fracasa también el pacto ético que sostiene nuestra convivencia.



