Cristianos libaneses en la tormenta
Resulta muy preocupante la nueva escalada de violencia ciega que está desestabilizando El Líbano y que se está llevando por delante la vida de muchos inocentes

La Línea Editorial de la madrugada del 11 de marzo
Madrid - Publicado el - Actualizado
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El padre Pierre El Rahi, párroco de la localidad cristiana de Qlayaa, en el sur del Líbano, ha muerto este lunes cuando acudía a auxiliar a un feligrés herido en un ataque israelí. Un segundo proyectil impactó sobre la casa del sacerdote maronita y no se pudo hacer nada por salvar su vida. El Papa ha expresado su profundo dolor por todas las víctimas de los bombardeos, en particular por este párroco libanés, y por tantos niños como están siendo víctimas directas de la guerra.
Resulta muy preocupante la nueva escalada de violencia ciega que está desestabilizando El Líbano y que se está llevando por delante la vida de muchos inocentes. La magnitud de la tragedia es enorme. Sólo en Beirut hay cerca de medio millón de personas desplazadas, casi trescientas mil han abandonado el sur del país y las instituciones que se han volcado en la acogida no dan abasto. Sirva como muestra el pequeño botón de un convento franciscano en Tiro, que acoge actualmente a 200 personas, todas ellas desplazadas, y todas musulmanas.
En un pueblo tan golpeado como El Líbano, que custodia admirablemente sus raíces cristianas y su modelo de convivencia interreligiosa en medio del infierno en el que se ha convertido Oriente Medio, lo último que no debe morir es la esperanza; una esperanza, que, si bien es puesta a prueba a diario de manera muy dura, nunca defrauda porque, como saben por experiencia los cristianos libaneses, se cimenta en el Señor de la vida y de la paz.



