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Ocho años muerto sin que nadie le echase de menos

Encuentran un cuerpo en una vivienda alemana después de ocho años fallecido. Nadie se había dado cuenta

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Corresponsal de COPE en Berlín

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:38

El pasado 20 de septiembre se produjo un incendio en el sótano de un bloque de viviendas de Senden, en Renania Norte-Westfalia. Siguiendo el protocolo de seguridad, los bomberos procedieron a desalojar el edificio, pero en el segundo piso una de las puertas no se abrió y hubieron de forzarla. Lo que encontraron en esa vivienda de cincuenta metros cuadrados obligó a llamar a la policía. Un esqueleto humano aparecía postrado en un sofá junto al prácticamente el esqueleto también de un perro, tendido a sus pies. Las primeras averiguaciones y la autopsia perfilan la triste historia de un inquilino que murió hace ya ocho años y al que nadie desde entonces había echado de menos.

Heinz H. se había divorciado y se prejubiló debido a una extraña alergia al polvo de harina que le impedía continuar en su trabajo de panadero. Frecuentemente era visto paseando a su perro Linus y a veces pedía comida a un restaurante cercano en el que trabajaba un vecino del séptimo que le traía a casa personalmente los pedidos y que ahora recuerda que había observado en él una notable pérdida de peso. No volvió a preguntar por él cuando no hizo más pedidos de comida. En los bajos del edificio hay una oficina de Correos y un ropero de Cáritas. En el recibidor gris, cuarenta buzones metálicos, uno de los cuales despertó la única señal de alarma. La vecina Angelika H. hizo una llamada telefónica a la caja del seguro médico para advertir que sus cartas se amontonaban en el buzón correspondiente a la vivienda del segundo piso sin que nadie las recogiese, pero recibió por única respuesta que avisase a la policía. Dos agentes visitaron el edificio, pero otro de los vecinos, que ahora ya no vive allí, declaró que seguramente estaba Heinz visitando a un amigo en Münster. Ante la ausencia de demanda, el caso fue archivado rápidamente y quedó en el olvido. La autopsia no ha encontrado signo alguno de violencia o envenenamiento y la única hipótesis con la que trabaja la policía es la de muerte natural.

La cuenta bancaria de Heinz sí se ha mantenido activa, como en un macabro piloto automático, durante estos ocho años. El seguro de pensiones seguía haciendo sus ingresos y nunca faltaba dinero para que de forma automatizada se realizasen los pagos domiciliados. Las autoridades se han puesto ahora en contacto con la exmujer y el hijo adulto del difunto para aclarar la situación administrativa. En teoría, la caja de pensiones puede reclamar todo lo abonado desde el momento de la muerte, cantidad que habría de ser deducida de la herencia.

En las plazas de aparcamiento que corresponden a las viviendas de este bloque de apartamentos, ha permanecido durante los últimos ocho años, inmóvil, el Seat de color negro de Heinz. Con las ruedas completamente desinfladas y la carrocería en leve estado de corrosión, no ha llamado suficientemente la atención de los vecinos, que han de pasar por delante del automóvil para acceder a sus viviendas. Algunos de ellos recuerdan que, hace años, se sintió en el edificio un olor pestilente. Pero después pasó. A pesar de que no han sido hallados signos de violencia, la fiscalía se niega todavía a cerrar el caso para tratar de averiguar cómo es posible que todas las pruebas de ausencia o defunción de este hombre de 57 años fuesen ignoradas por todo su entorno.

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