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El laberinto del brexit continúa

Las cosas siguen igual a comienzos de este 2019 que como quedó todo a finales de ese 2018 tan fatídico para Theresa May. Continúa el laberinto del brexit 

Theresa May

Theresa May. EFE

Iván Alonso
@Ivan_al1

Redactor de Informativos

Londres

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 04:52

A finales del año pasado la primera ministra no tuvo más remedio que aplazar la votación sobre su acuerdo en el Parlamento ante la falta de apoyos y el ridículo al que abocaba a su Gobierno con una derrota sin paliativos que la habría desestabilizado de forma casi definitiva. Lo tuvo que posponer y ante las presiones de que fuera antes de Navidad por parte de la oposición, May fijo el próximo martes 15 de enero como fecha para que se vote.

El panorama que se le presenta a la “premier” es tan oscuro como el que tenía cuando un tercio de sus propios compañeros de partido intentaron tumbarla hace un mes. Ningún apoyo ha conseguido desde entonces para su acuerdo. Ni siquiera un gesto de complicidad por parte de sus socios de Gobierno, el Partido Unionista de Irlanda del Norte (DUP), y cuyos diputados resultan claves para conseguir aprobarlo.

La primera ministra trata, a marchas forzadas, de conseguir aún concesiones por parte de Bruselas sobre la “salvaguarda” que habría que activar si no se consiguiera llegar a un acuerdo sobre una frontera sin fricciones entre Irlanda y el Ulster. Esto lo han descartado hasta la saciedad las autoridades comunitarias, pero May lo necesita para vender el pacto en casa como “el mejor posible”.

Algo, que este sea el acuerdo más beneficioso para Reino Unido, que no se creen ni la mayoría de sus ciudadanos. Las últimas encuestas apuntan a que solamente una cuarta parte de los británicos (un 22%) apoya el texto que ha conseguido firmar con Bruselas.

Lo único que la avala hasta ahora son las cifras económicas que tildan casi de apocalipsis una situación en la que Gran Bretaña abandone de la peor forma posible la UE. Sin embargo, la mano que la echó el Banco de Inglaterra en diciembre asegurando que el desenlace económico de sucederse esto sería peor que el de la crisis de 2008 tampoco ha ayudado a May a recabar más apoyos.

Una de las posibilidades que más se aproxima y para la que el Gobierno se lleva preparando ya desde antes de Navidad es la de un brexit sin acuerdo.

El primer ejemplo de estos planes de contingencia que está llevando a cabo el Ejecutivo de May se dio esta semana al sur de Inglaterra, exactamente cerca de Dover (la principal conexión de Reino Unido con Francia por mar). Una interminable hilera de camiones (89), que recorrían casi 30 kilómetros, servía para comprobar la capacidad británica ante la conclusión de un brexit de la peor forma posible.

Una prueba, la más importante y significativa hasta ahora, que el Ejecutivo organizaba para prevenir una posible congestión viaria y que forma parte de un plan que pretende poder gestionar el tráfico, en especial el de los vehículos de transporte de mercancías que suministran provisiones por vía terrestre al país, en caso de que los pasos fronterizos puedan quedar colapsados ante la complejidad y ralentización de los nuevos controles que se impondrían.

Allí se pudo ver un adelanto de lo que pueden ser los días posteriores al 29 de marzo de este año. Un escenario en el que, economistas, expertos e instituciones como el Banco de Inglaterra coinciden: sería algo catastrófico para el país. Esta institución ya puso datos sobre la mesa y todos eran como para echarse a temblar: El producto interior bruto (PIB) nacional caería alrededor de un 8 % sobre el nivel actual de aquí a 2023, el desempleo subiría al 7,5 %, el precio de la vivienda bajaría en torno al 30 %, habría una depreciación de la libra de hasta un 25 % y se dispararía la inflación al 6,5 %

Será, entonces, el 15 de enero cuando su futuro político volverá a estar en riesgo. Todo hace indicar que ella tratará de continuar la senda del brexit ya ahora por el camino del no-acuerdo, pero desde la oposición se frotan las manos y buscarán unas elecciones anticipadas para hacerla caer y tratar de renegociar el acuerdo a su manera. Lo que parece claro es que no habría tiempo para hacerlo antes de la fecha impuesta y que hasta hace poco parecía intocable, el 29 de marzo.

Por tanto, la votación de la semana que viene deja la puerta abierta una vez más a la incertidumbre que ha rodeado este proceso desde su inicio y a Theresa May, una vez más, contra las cuerdas

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