Sudán se desangra en el olvido: tres años de una guerra que provoca una catástrofe humanitaria sin precedentes
Millones de personas se encuentran atrapadas en un conflicto ignorado por la comunidad internacional, mientras la violencia y el hambre se ceban con la población civil

Tres años de guerra en Sudán
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Se cumplen tres años del inicio de la guerra en Sudán, un conflicto devastador que ha sumido al país en una de las peores crisis humanitarias del mundo. El balance es desolador: al menos 150.000 muertos, 25 millones de personas en situación de hambruna y cerca de 15 millones de desplazados que han tenido que abandonar sus hogares para sobrevivir.
Cuatro millones son refugiados como Ayoub, un sudanés de 43 años que vive en la provincia Valencia. Su vida cambió para siempre en febrero de 2023, cuando llegó a nuestro país con una beca Erasmus a la Universidad Politécnica de Valencia para continuar con sus estudios de Ingeniería Informática. Apenas dos meses después, estalló la guerra en su país. "No hay posibilidad para mí de volver", explica a COPE. El fin de sus estudios se convirtió en el inicio de un exilio forzoso que lo mantiene en España, donde ha obtenido el estatuto de refugiado gracias a la ayuda de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
Mientras sueña con poder ejercer como informático, Ayoub trabaja como asistente de mecánico de camiones en Quart de Poblet, Valencia. Su principal motivación es su familia, que sigue en Sudán: "No quiero estar sin trabajo, yo tengo una familia y quiero ayudarles". Todo el dinero que gana lo envía para apoyar a su mujer y a su hijo de 7 años, con los que habla a diario pese a la dificultad en las comunicaciones. Su mayor deseo es poder reunirse con ellos en España, lejos del horror de un conflicto que no cesa.
Un sistema de salud colapsado
Desde el terreno, el coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Sudán, José Sánchez, que lleva 14 meses en el país, describe una situación límite. "Los civiles están siendo atacados de forma indiscriminada", denuncia. Además, según Sánchez, el ya frágil sistema sanitario "está totalmente colapsado y está siendo objetivo de ataques". Esta destrucción deliberada de infraestructuras críticas deja a la población en un estado de vulnerabilidad extrema.
Esta situación ha provocado el aumento de brotes de hepatitis E y cólera, entre otras enfermedades, además de la imposibilidad de atender a los enfermos que presentan "niveles de desnutrición alarmantes" y a los heridos de gravedad a causa de los ataques con drones.
Todo esto es evitable y está pasando delante de la mirada evasiva de la comunidad internacional"
Coordinador de Médicos Sin Fronteras en Sudán
Lo más frustrante para los equipos humanitarios es que la catástrofe podría mitigarse. "Lo que más preocupa es que todo esto es evitable y está pasando delante de la mirada evasiva de la comunidad internacional", lamenta Sánchez. Critica duramente que se "mire hacia otro lado mientras esta situación se prolonga en el tiempo", permitiendo que la violencia y el sufrimiento continúen sin control en Sudán.
La violencia sexual como arma de guerra
Se utiliza para humillar, aterrorizar y controlar las comunidades"
Coordinador de Médicos Sin Fronteras en Sudán
Uno de los aspectos más brutales del conflicto es el uso de la violencia sexual como arma de guerra, una práctica "generalizada y sistemática, sobre todo en la zona de Darfur", según el coordinador de MSF. Los equipos de la organización atienden a diario a mujeres y niñas "que son violadas durante ataques, o incluso cuando están realizando actividades básicas, como es ir a buscar agua o leña". Las agresiones, cometidas por hombres armados, se emplean "para humillar, aterrorizar y para controlar las comunidades".
Ayuda bloqueada e impunidad
La población civil se encuentra totalmente desprotegida y atrapada entre los bandos del conflicto, que actúan con impunidad atacando hospitales, mercados y escuelas.
Pese a la necesidad urgente, la ayuda no llega. José Sánchez denuncia que el acceso humanitario "muchas veces está siendo bloqueado deliberadamente por las autoridades", impidiendo asistir a la población más vulnerable.
Esta obstrucción genera una profunda "sensación de impotencia" en los equipos humanitarios. "Estamos listos para intervenir, lo tenemos todo, pero no se nos permite hacerlo", afirma Sánchez, que asegura que hay zonas, sobre todo en el centro del país, donde "las necesidades son enormes y prácticamente nadie puede llegar". Ambas partes del conflicto son responsables de "violaciones graves del derecho humanitario internacional" con una impunidad casi total, mientras "la gente está muriendo por causas evitables".
La conclusión de Sánchez es tajante: ni las autoridades sudanesas ni la comunidad internacional hacen nada para evitarlo. Un "silencio e inacción" que provoca que millones de personas "sigan pagando con sus vidas".
En paralelo, la situación de los cristianos en Sudán sigue siendo crítica y se ha visto agravada por esta guerra civil que comenzó en abril de 2023. Aunque el conflicto actual es, principalmente, una lucha de poder entre el ejército regular y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), la minoría cristiana sufre una persecución sistemática que mezcla discriminación legal, violencia armada y hostilidad social.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



