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El juicio del Procés: Una violencia inusitada

Odio y desprecio. Quizá las palabras que más se escucharon esta semana en el Tribunal Supremo. Se materializaron incluso en agresiones 

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Patricia Rosety
@patriciarosety

Jefa de Tribunales

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:13

Odio y desprecio. Quizá las palabras que más se escucharon esta semana en el Tribunal Supremo. Un odio y un desprecio que se materialiazaron en agresiones, con lanzamientos de sillas, patadas, puñetazos, mordiscos y escupitajos. Sí, hasta escupitajos. No era el pacifismo al que se refirieron los acusados y sus testigos, con la merienda incluida de alguno de ellos, como Rufián. Ni la fiesta, con las canciones de “La Trinca”. Era una realidad muy distinta. Fue la realidad que sufrieron los agentes de la Guardia Civil cuando, cumpliendo órdenes judiciales, acudieron a registros de empresas, despachos institucionales o domicilios, y a los centros de votación. Y la contaron ante el tribunal.

Aquello derivó en una violencia inusitada, dijo uno de los agentes. “Se masticaba el odio y la rabia”. Otro de los miembros de la Benemérita aseguró que nunca había vivido nada igual. Puede que le mirasen con odio y desprecio por ser guardia civil o por cumplir las órdenes de la Justicia, pero nunca le “habían escupido por hacer su trabajo”. Y además les grababan. No entiende “por qué gente del pueblo se comportaba como delincuentes”.

Otro de los agentes, con la cara pegada al cristal del coche de algunos manifestantes, vio “el reflejo del odio”. Estaban en una calle pequeña, en obras, llena de zanjas, por la que les habían llevados los Mossos d'Esquadra al salir de un registro. Calificó aquello de “ratonera”. Algún guardia civil llegó a comparar la situación con el conflicto vasco. Con estas vivencias algunos agentes se plantean pedir el cambio de destino. Y más cuando obligan a su hijo en el colegio a participar en una protesta contra las Fuerzas de Seguridad, contra su padre.Lo denunció, pero ladenuncia no prosperó.

De la protesta pasaron a las amenazas, contó otro de los agentes que estuvo en la Consejería de Exteriores. Y habló de una “rabia descontrolada”. Zarandearon y golpearon el coche en el que salía la letrada judicial. Incluso intentaron llevarse de la cápsula policial de seguridad al detenido, agarrándole del cuello y de la ropa. El detenido estaba aterrorizado. Para el agente era “inaudito”.

Y también contaron que los Mossos d'Esquadra, que no les ayudaban, les vigilaban. Había una “orden prioritaria” de controlar todos los movimientos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. Una orden que tuvo que ser verbal, dijo un Comandante. Apenas había finalizado el testimonio de un agente cuando el siguiente iba a sorprender un poco más. Y así toda la semana.

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