Sin Micrófonos | El verano servirá a Sánchez y a Casado para intentar ganar tiempo

Comienza la primera reunión de Sánchez y Casado en La Moncloa

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el encuentro con Pablo Casado EFE

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Jefa de Nacional de COPE

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 19:19

Pedro Sánchez y Pablo Casado mantendrán agendas bastantes diferente estos días: el presidente alternará días de descanso en Doñana y Mojácar; con actos oficiales en Mallorca (hoy tiene el habitual despacho con el Rey en Marivent), y en Barcelona, (el viernes asistirá al aniversario de los atentados yihadistas). Por su parte, el líder de la oposición ya ha dejado claro que este año no va a haber vacaciones. Recorrerá diversos lugares de la geografía española para darse a conocer, y comenzará a planificar un año, el 2019, en el que tendrá que afrontar, como mínimo, elecciones municipales, autonómicas y europeas.

En lo que sí coinciden los dos líderes es en la necesidad de ganar tiempo. El presidente tiene una ventaja, es él, el único que tiene la facultad de disolver las cámaras y convocar elecciones, pero necesita consolidar su figura como jefe del Ejecutivo, para fortalecer a su partido y llegar a unos posibles comicios con posibilidades de ganar o, al menos, de quedar como segunda fuerza política. Y a eso está dedicando toda su acción política: a no repetir los pésimos resultados de 2015 y 2016.

Sánchez ha programado su forma de ejercer el poder como una gran operación de imagen, pero, después de dos meses de gestión, se está topando con la dura realidad. Ha necesitado nueve plenos para sacar adelante una reforma de RTVE, y ha fracasado estrepitosamente al tumbar el Congreso sus planes de estabilidad, lo que ha dejado claro su debilidad parlamentaria, y la fragilidad de los apoyos con los que cuenta. Y la crisis migratoria ha puesto a prueba también su capacidad de gestión.

Así las cosas, el jefe del ejecutivo, lucha por aplazar los problemas, por ganar tiempo, no solo en materia económica, sino también en el conflicto del taxi, donde se han limitado a prometer un acuerdo el mes que viene; e incluso en la crisis catalana. Se han abierto vías de diálogo, pero el presidente ya ha admitido que no habrá solución en los próximos meses a un problema enquistado desde hace una década.

Los independentistas prometen también hacer que septiembre y octubre sea también una época calentita: se conmemorará la Diada, la aprobación de las leyes de desconexión, y la consulta del 1 de octubre, y ahí podría consumarse la ruptura de los apoyos del Pdcat con el Gobierno.

Pablo Casado necesita también ganar tiempo para consolidar su liderazgo de cara a la opinión pública. Estos últimos días, en el PP han restado importancia a ese CIS que colocaba al PSOE nueve puntos por encima, al entender que adolecía de dos defectos: la cocina llevada a cabo por su presidente, José Félix Tezanos, que ha llegado a cambiar la metodología del barómetro; y la ausencia del nuevo líder del PP en el sondeo, porque cuando realizaron el trabajo de campo, estaban inmersos en el proceso de primarias.

En la calle Génova subrayan, sin embargo que “su” encuesta, la de la calle (el líder popular ha visitado ya Barcelona, Ávila, Algeciras, Ceuta y Vitoria), deja clara la buena acogida que ha tenido Casado entre los españoles, no solo entre los votantes actuales del partido, sino, lo que es más importante, entre los ex-votantes .

El presidente popular necesita además que se archive definitivamente la polémica sobre su máster, algo que está lejos de conseguir, al menos, de momento, aunque será difícil que el Supremo le acabe juzgando por ello.

Para los dos, para Sánchez y Casado, es buena, en definitiva, la máxima de J.F.Kennedy: “debemos usar el tiempo como una herramienta, -decía- no como un sofá”. Aquí no hay tiempo para el descanso.

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