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Scholz aprovecha su primera visita a Madrid para pedir a Sánchez que cumpla la disciplina fiscal de la UE

El Gobierno de España está estancado en el crecimiento a pesar de ser el primer país en recibir estas ayudas, por eso pide distanciarse en parte del rigor fiscal

Scholz y Sánchez

Madrid

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 02:17

El canciller alemán, Olaf Scholz, ha realizado su primer viaje del año a Madrid, donde se ha reunido este lunes en el Palacio de la Moncloa con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Dejando a un lado los puntos coincidentes entre Scholz y Sánchez, en los que aparte de su amistad solo coinciden en fortalecer el futuro de Europa, en la actualidad Madrid y Berlín están muy distanciados en ciertos asuntos muy relevantes.

No están de acuerdo en la ruta que la Unión Europea debe seguir para cumplir con la Transición Ecológica, tampoco en las ideas sobre la política migratoria y sobre todo no coinciden en el ritmo al que deben recuperarse las reglas fiscales tras la crisis económica causada por la pandemia.

En este punto, el Gobierno de Sánchez es el más interesado en conseguir un acuerdo. En este sentido, el líder socialista ha pedido a su homólogo alemán que le vuelva a dar el apoyo que recibió hace dos años, cuando Sánchez impulsó la idea de los eurobonos que nunca nacieron.

Esta idea fue recogida por el aquel entonces ministros de Finanzas alemán, de la mano de Angela Merkel, y la impulsó en lo que ahora son los fondos Next Generation EU.

Este debate está llamado a ser clave en el futuro económico de la Unión Europea. Alemania ha sido tradicionalmente un país que se ha preocupado por las tensiones inflacionistas: España tiene un 6,5% del IPC y la zona euro está en un 5%, cifras insostenibles para Berlín, cuyo gobierno es una coalición semáforo en el que las políticas financieras están en manos de Christian Lindner, partidario de la disciplina más férrea.

Preguntado por sus diferencias con Madrid, Scholz ha respondido lo siguiente en las escalinatas del Palacio de la Moncloa: "Nosotros miramos al pasado para aprender de cara al futuro, y deseo recordar que el pacto de cohesión fue el que sirvió de base para crear el instrumento de los fondos de recuperación".

En definitiva, el Gobierno de Sánchez quiere que los 70.000 millones de créditos del periodo 2024-2026 no contabilicen como deuda, o que esta no este ligada a un 60% del PIB, ahora que España se mantienen en el 122%.

En la actualidad, el Gobierno de España está estancado en el crecimiento a pesar de ser el primer país en recibir estas ayudas, por eso pide distanciarse en parte del rigor fiscal. En este sentido, fuentes gubernamentales se limitan a defender que Berlín coincide con Sánchez en una salida justa de la crisis, lo que parece más complicado es poner a ambos gobiernos de acuerdo en el método para alcanzar estos objetivos.

Además de esta diferencia de planteamientos, el Gobierno de Sánchez tiene otra baza para negociar el futuro de sus políticas económicas, y esa es la política energética. En este sentido, España tiene la debilidad de ser un país dependiente y también y con las cuentas públicas en peor estado del club europeo.

Teniendo en cuenta estas aristas, Moncloa rechaza la propuesta de la Comisión Europea sobre abrir la mano con la energía nuclear y el gas natural, que son consideradas energías verdes. En este sentido, Scholz sí cree que el gas debe ser incluido en el mix energético, como si fuese una renovable en etapa de transición. Este punto es defendido por Berlín para relajar su tensión con Rusia, su principal suministrador. Con esta apuesta Berlín también intentará relajar las restricciones al gas natural, lo que facilitaría arreglar el problema con el Nordstream 2.

Estas ideas chocan con Francia, el país más nuclearizado de Europa, y con España, que apuesta por su ventaja comparativa en eólica y solar, consideradas las "auténticas renovables".

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Sobre cuestiones de vecindad, Sánchez y Scholz no han tratado la cuestión del Sáhara, aunque Berlín está siguiendo la misma estrategia que París: no reconocer oficialmente la marroquinidad del Sáhara, pero seguir haciendo negocios en el territorio.

Estas cuestiones han sido aplazadas por Pedro Sánchez para una segunda cumbre bilateral que, según han pactado, se celebrará en el primer semestre de este 2022. En este sentido, Berlín espera ya haber normalizado sus relaciones con Rabat a cuyo nuevo gobierno no dejan de mandarle guiños desde Berlín.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dicho que Marruecos es un "socio estratégico" con el que España tiene que caminar "a lo largo de los próximos meses y los próximos años", por lo que ha agradecido la "colaboración y cooperación" que hay entre ambos países.

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