La resurrección de Casado: reforma el PP y gira su discurso hacia la moderación
El líder popular ha reconducido su estrategia, manteniendo un perfil bajo y un discurso más moderado, como le reclamaban algunos de sus barones

El presidente del PP, Pablo Casado
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El pasado 28 de abril se vivió en Génova una de las noches más negras de la historia del PP. La fragmentación del voto de centro derecha, y la mala campaña realizada por el partido llevaron a los populares a tener un resultado catastrófico, el peor de su historia: 66 diputados y 56 senadores.
El PP consiguió mantener su posición de segunda fuerza política, pero superando por solo seis escaños a Ciudadanos. Pablo Casado y la formación en pleno se sumieron en un verdadero estado de shock, pero tuvieron que reaccionar de inmediato porque quedaba apenas un mes para las elecciones municipales y autonómicas. Muchos daban por sentada la descomposición del partido, pero, en Génova se insistía en que el PP seguía siendo una formación con mucho raigambre territorial. Casado volvió a visitar todos los territorios, pero giró completamente su estrategia, manteniendo un perfil bajo y un discurso más moderado, tal y como le habían reclamado algunos de sus barones.
La noche del 26 de mayo el nerviosismo volvió a cundir en la sede del partido, pero ese nerviosismo se fue traduciendo en prudencia primero, y en euforia después, cuando se confirmó que los números daban en Madrid, y que el PP podría recuperar el Ayuntamiento, y mantener la Comunidad, sus dos perlas de la corona.
Los resultados no fueron tampoco buenos, pero han permitido al PP resistir, y tejer pactos que le han ayudado a mantener no solo Madrid, sino Castilla y León, y Murcia, además de la ciudad autónoma de Ceuta. Esto, sumado a su poder en Andalucía y Galicia, han conseguido que Casado pueda tejer una red de poder territorial que va a servir para contrarrestar el poder del PSOE a nivel nacional, sobre todo, porque las autonomías populares serán el escaparate de esas políticas liberales por las que aboga el presidente del partido.
Pablo Casado ha reformado el PP, además, a su imagen y semejanza, se ha liberado de las cuotas que le alzaron al liderazgo popular, y ha girado el discurso, manteniendo un perfil mucho más moderado. En Génova destacan estos días, además, que el partido ha conseguido ser el “pegamento” de las fuerzas de centro-derecha, que los españoles han podido ver que son los auténticos muñidores de los pactos. Por eso, se aspira ahora a rentabilizar esa labor, y a recuperar votos tanto de Vox, como de Ciudadanos.
El PP ha registrado, “por si acaso”, dicen, las marcas España Suma y todas sus variantes regionales. La idea es exportar la alianza que consiguieron en Navarra con UPN y Ciudadanos al resto del país, y a algunas comunidades, pero los naranjas se han negado en redondo a considerar, si quiera, esa posibilidad. A los populares les cabe entonces llegar a pactos en distintas provincias con otros partidos pequeños, pero eso no significará, advierten, que sus siglas vayan a desaparecer de los carteles electorales.
El PP considera que Pedro Sánchez está aprovechando este mes de agosto para realizar ya su particular pre-campaña electoral y afianzar en noviembre su mayoría; pero los populares aseguran que están preparados, y que esos comicios aumentarán su número de escaños. Eso sí, admiten, lo de ganar es imposible, pero, a buen seguro, que incrementarán también su número de parlamentarios, por ello advierten al PSOE: ojo, que las urnas las carga el diablo.



