IZQUIERDA ABERTZALE
La disidencia de Sortu gana en financiación y podría concurrir electoralmente
Grupos de la disidencia de la izquierda abertzale reciben aportaciones supuestamente voluntarias de empresas vascas y navarras así como recursos de la CUP que les permiten financiarse, mientras otros colectivos de ese entorno, convencidos de su creciente apoyo social, debaten si presentarse a las próximas elecciones.
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Grupos de la disidencia de la izquierda abertzale reciben aportaciones supuestamente voluntarias de empresas vascas y navarras así como recursos de la CUP que les permiten financiarse, mientras otros colectivos de ese entorno, convencidos de su creciente apoyo social, debaten si presentarse a las próximas elecciones.
Fuentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que hace décadas luchaban contra ETA y hace dos años comenzaron a investigar de nuevo en el entorno del soberanismo en Euskadi y Navarra han constatado que las organizaciones que han surgido, contrarias a la línea política de Sortu de participar en las instituciones, disponen cada vez de una mayor financiación, estructura y base social para dar un salto cualitativo en la intensidad de sus acciones.
Había voces disidentes en ese ámbito cuando líderes como Arnaldo Otegi empujaron hacia el final de ETA, que se agrupaban principalmente en el apoyo a los presos y el EPPK, si bien esos rescoldos se avivaron después de que Sortu se integrara en la coalición EH Bildu junto a partidos como EA que siempre habían rechazado la acción de la organización terrorista, y cuando ya como grupo en el Congreso en 2019 se convirtió en uno de los apoyos del Gobierno de España.
Fuentes de la investigación han advertido a Efe de su preocupación ante la dimensión que progresivamente están logrando esos colectivos que repudian la traición de Sortu. La disidencia representa ya el 20 % de la izquierda abertzale, se sitúa mayoritariamente entre la población joven y sigue la línea de colectivos antisistema de otros países que luchan para tratar de desestabilizar las democracias europeas.
Estos colectivos críticos con Sortu se financian gracias a aportaciones que les hacen desde hace algún tiempo empresas vascas y navarras, sometidas a presión, exponen esas fuentes.
En concreto, se les reclama de forma sutil pequeñas cantidades, que pueden rondar los 3.000 euros y que son periódicas, en aras a permitirles que puedan mantener su actividad comercial en algunas zonas de Gipuzkoa y especialmente en Navarra, donde esos colectivos se mueven más libremente. Hace un año diez jóvenes fueron arrestados en Burlada tras encontrar en un local material susceptible para ser empleado en la elaboración de explosivos.
Las mismas fuentes señalan que esas organizaciones cuentan también con recursos que les llegan del soberanismo catalán, en concreto de la CUP.
La disidencia soberanista ha vuelto a usar algunos locales que fueron utilizados hace décadas por grupos de la kale borroka. Esos colectivos disponen de sedes en las tres capitales vascas y Pamplona, además de habilitar lonjas en muchos municipios navarros y de los tres territorios vascos.
Esa disidencia se divide, a su vez, en dos facciones, ya que por un lado se sitúa Mugimendu Sozialista que engloba a colectivos que abrazan premisas de la lucha de clases tradicional del comunismo y se definen como el anticapitalismo y la antiburguesía, dejando los objetivos soberanistas en un segundo plano.
Por otro lado, figura la coordinadora Jardun (seguir, hacer insistentemente), que ansía un estado vasco socialista como lo defendía hace décadas Herri Batasuna y en donde hay nombres que hasta hace poco se situaban en la línea de la izquierda abertzale oficial.
Dentro de Mugimendu Sozialista barajan la posibilidad de conformar plataformas electorales de cara a las elecciones municipales y forales vascas de 2023, para competir con EH Bildu.
Este ámbito engloba colectivos como Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), de jóvenes entre 20 y 30 años con estudios universitarios, entre los que participa el sociólogo Manex Gurrutxaga, mientras los militantes de más edad participan en Kontseilu Sozialista.
También pertenecen a ese ámbito otras siglas que operan en diferentes ámbitos culturales y sociales desde una perspectiva ideológica de extrema izquierda como Ikaske Abertzleak (entre estudiantes de instituto y universitarios), Erraki (movimiento okupa que se ha formado junto a grupos catalanes), Ekida (de redes sociales), LAS-RAL (organización sindical) e Itaia (movimiento feminista).
Por su parte, la coordinadora Jardun también cuenta con su propio colectivo de jóvenes, Jarki. En Bilbao, esta parte de la disidencia ha conformado un movimiento fuerte dentro del centro e la ciudad denominado Bultza.
Jardun, que apuesta por pasar a la acción e intensificar las acciones en la calle, hacia la 'kale borroka' de antaño, ha organizado recientemente recibimientos a presos de ETA a su salida de prisión y se ha constatado su relación con altercados en campus universitarios así como en actuaciones de especial virulencia contra la Ertzaintza cuando trataba de hacer cumplir las restricciones de la pandemia en Gipuzkoa.
Las fuentes consultadas consideran que, con mejor financiación, mayor base social especialmente entre la juventud, un armazón ideológico asentado en el apoyo a la clase obrera y el rechazo de las grandes empresas y la banca, esos grupos debaten sobre actuaciones de mayor intensidad. EFE
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