"No es no". Pérez-Reverte retrata al feminismo radical con una sorprendente anécdota

El escritor ha compartido en twitter una anécdota en la que retrata a las feministas radicales y a los que las siguen el juego para quedar bien

No es no. Pérez-Reverte retrata al feminismo radical con una sorprendente anécdota

Kiko Huesca

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 03 nov 2019

El escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte no se muerde nunca la lengua ante los temas más candentes de actualidad, y esta vez ha querido enfrentarse a uno de los temas más polémicos y que más ampollas levanta hoy en día. El feminismo radical y, más concretamente en uno de los temas más delicados: cómo afecta al hecho de ligar con personas desconocidas.

En su artículo en XL Semanal, Pérez-Reverte ilustra esta situación con una anécdota contada por su amigo Dani

"Estoy en una discoteca, y en la pista hay una chavala que baila, me sonríe y sigue bailando. Y yo, pues bueno. Lo normal. Me voy acercando a ella, bailoteo por aquí y por allá. Y como me sigue sonriendo y se mueve que da gusto, pues me sitúo a distancia de combate, o sea, a un metro, y nos seguimos el ritmo de puta madre. ¿Comprendes? Y al rato largo, como me sigue sonriendo y las contorsiones son ya de ponerme más caliente que el pico de una plancha, y ella está de espaldas meneándose a medio palmo de mi bisectriz, intento meter cuello, vamos, nada irrespetuoso, un poquito de cara por si se anima al roce. En plan bien y probando. Y entonces la tía aparta de pronto el bullate que me está restregando en plena cebolleta, se da la vuelta, me pega un empujón que me echa cuatro pasos atrás y grita: «¡No es no, machirulo". 

Entonces, Dani, mucho más joven y menos experimentado que Pérez-Reverte, decide pedirle consejo a su amigo.

"Así que no te deprimas, chaval –prosigo–, porque tampoco es eso. Sólo estás pagando peaje. Eres un tío normal, simpático. Buena gente. Te gustan las tías como a ellas los tíos, aunque a ellas (que pueden ser tan torpes o idiotas como tú) la propaganda y la demagogia fácil de estos tiempos también las tenga hechas un lío, trastornadas por la nueva Sección Femenina de la eterna Inquisición oportunista y fanática: esa misma que antes censuraba escotes y longitud de falda y que ahora, en versión laica pero también disparatada, pone aparte a las gallinas para que no las violen los gallos, prohíbe beber leche de vacas explotadas, equipara sexo con violación y te llama machista, incluso fascista, si te niegas a decir en plan inclusivo les niñes me toquen los cojones y las cojonas. Alentada, claro, por no pocos cantamañanas varones que jalean a las nuevas inquisidoras; la mayoría no porque se lo crea un carajo, sino para congraciarse con ellas, para medrar donde ellas mandan, o creyendo que así van a conseguir más votos, e incluso mojar más, los muy gilipollas".

Y con un final demoledor, Pérez-Reverte acaba por definir la situación: 

"Igual lo que pasó fue que estaba deseando decirle no es no a alguien y contárselo a sus amigas, no os lo vais a creer, etcétera, antes de colgarlo en Twitter o Facebook o Instagram acompañado de un selfi. Y buscaba un pringao. Uno cualquiera, vamos. Uno de infantería. Y allí apareciste tú haciendo el gamba. En cualquier caso, colega, no lo tomes como algo personal. No te disminuyas, que peor lo tiene Plácido Domingo. Pero siempre que estés ante una mujer, tenga ésta la edad que tenga, recuerda que si miras alrededor y no ves a ningún pringao, es que el pringao eres tú. Y esa noche te tocó serlo".

 

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