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MUELLE SUBASTA

Muelle, el primer grafitero español, mide su éxito en una subasta

Hace tiempo que el grafiti llegó a las salas de subasta, pero la obra de Juan Carlos Argüello, el primer grafitero español, más conocido como Muelle, no lo había hecho nunca. Hoy, la casa de subasta Durán saca en Madrid una quincena de obras del mítico artista. ,Los grafitis de Argüello fueron los primeros en poblar las paredes de Madrid en la década de los 80 hasta la década de los 90, primero en el barrio de Campamento, donde vivía junto a su familia, y luego en las pared

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:32

Hace tiempo que el grafiti llegó a las salas de subasta, pero la obra de Juan Carlos Argüello, el primer grafitero español, más conocido como Muelle, no lo había hecho nunca. Hoy, la casa de subasta Durán saca en Madrid una quincena de obras del mítico artista.

Los grafitis de Argüello fueron los primeros en poblar las paredes de Madrid en la década de los 80 hasta la década de los 90, primero en el barrio de Campamento, donde vivía junto a su familia, y luego en las paredes de toda la ciudad.

Su firma, una flecha con una firma, alumbró todo un género dentro del arte callejero, el grafiti flechero, al que luego se sumarían otros artistas como Bleck o Tifón, el hoy cineasta Daniel Guzmán.

Muelle fue todo un pionero y el artista más reconocido de su generación pero su trabajo ha caído en gran parte en el olvido y su archivo lo conserva su familia.

Los lotes que subasta hoy la sala Durán son quince obras en papel o cartulina con su reconocible firma y otras pinturas de corte abstracto. Las técnicas son variadas: aerógrafo sobre papel, acrílico, rotulador, carboncillo o ceras.

Entre ellas se encuentran bocetos de algunas de sus obras más reconocidas, como el grafiti en la tapia de la cuesta de acceso a la Sala La Riviera, ya desaparecido, y otras menos conocidas, como el dibujo de una pin-up.

Los precios oscilan entre los 1.500 y los 6.000 euros.

Según señala la casa de subastas en su web, Muelle inventó las normas de la primera generación de grafiteros españoles. El artista siempre pintaba en lugares que no afeaban el paisaje urbano y sobre todo, respetando la propiedad privada, solía decir que había que hacer una firma decorativa que no genere un gasto.

Pocas obras de las muchas que pintó en paredes han sobrevivido. La más conocida es una que se encuentra en la céntrica Calle de Montera en Madrid, que fue restaurada en 2017. Una iniciativa popular intentó que se declarara Bien de Interés Cultural sin éxito.

En 2018 se descubrió una de sus firmas en la calle Moratín.

El artista, que también era batería de un grupo de rock y falleció prematuramente a los 29 años a causa de un cáncer, siempre fue reacio a vender su obra.EFE

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