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Lo que vivimos de niños marca el resto de nuestras vidas

En 'La Tarde' analizamos cómo influyen en el desarrollo de nuestro cerebro las experiencias de la infancia

 

Ver aprender a un niño es una de las experiencias más maravillosas que nos trae la vida. Observar como disfruta asimilando un concepto, oírle preguntar o ver cómo se ríe mientras da sus primeros pasos son momentos que ningún padre cambiaría por nada del mundo. Todas esas experiencias son las que después configuran la mente de ese pequeño a lo largo de su vida, como ha explicado en 'La Tarde' la investigadora del Instituto de Neurociencias de la Universidad Miguel Hernández, Isabel Pérez-Otaño: “El cerebro cuando nacemos es como un ordenador sin software y contenido. Tiene todo el potencial, pero nada escrito. Lo que tiene es un montón de neurona que van a codificar lo que somos”.

Una materia prima virgen, a partir de la cual se esculpe la personalidad de la persona: “Durante la infancia el cerebro es más plástico. Es más sensible a ser modificado por la experiencia. Los buenos hábitos en ese periodo crítico influyen mucho en el futuro”.

“El cerebro cuando nacemos es como un ordenador sin software y contenido"

Tan importante son esos buenos hábitos que delimitan mucho de lo que hacemos en el resto de la vida. “Lo que dicta cómo somos es la experiencia. Nacemos con demasiadas conexiones sinápticas. Durante los dos primeros años se forman muchas más hasta llegar a un pico y luego esas conexiones se van refinando a medida que acumulamos experiencias. Las conexiones se van reforzando si las usamos y si no las usamos desaparecen”.

ESCUCHA LA ENTREVISTA COMPLETA | Isabel Pérez Otaño en 'La Tarde'

Por eso, es fundamental estimular a los niños de forma positiva desde su nacimiento: “Desde que naces, si tomas el pecho de tu madre, los sonidos, una voz tranquilizadora…todo esto configura tu cerebro”.

Los estudios demuestran que esa configuración es fundamental para tener una buena salud mental a lo largo de la vida: “La genética es la base de todo. Es lo que nos da el potencial. Pero ese potencial lo refinan las diferencias. Hay estudios de gemelos idénticos que se han separado y la incidencia de enfermedades mentales es muy distinta. El ambiente es importantísimo”.

Por eso, las experiencias negativas lesionan mucho más la personalidad cuando se producen en los primeros años de vida “El maltrato, las experiencias traumáticas influyen mucho en la configuración del cerebro. Se sabe que las malas experiencias afectan a la empatía, al reconocimiento facial. Todo esto va a determinar tus habilidades sociales”.

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