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Durant muestra su apetito

Kevin Durant
Kevin Durant, durante el calentamiento del primer partido de la final de la NBA. | Cary Edmondson
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Cinco años son mucho tiempo, cinco años sin estar donde todo jugador fuera de serie quiere estar, peleando por ser campeón, son demasiada frustación. Hay demasiado deseo acumulado, muchos días imaginando cómo sería volver a estar ahí, da mucho tiempo a pensar, son muchos esfuerzos sin tener la oportunidad de pelear el anillo, de estar en unas finales de la NBA. 

Comer deprisa es malo para la salud, pero liberar frustración canalizada en la buena toma de decisiones y la clase es una amenaza casi mortal para un rival cuando tienes la calidad de Kevin Durant.

La frustración le llevó a tomar la decisión más traumática de los últimos años en la NBA, abandonar su equipo de siempre, como si hubiera roto un contrato virtual de por vida con Oklahoma. Durant ha tenido que escuchar de todo, le han tratado como si hubiera asaltado el Banco de Oklahoma City cual cuatrero, le han tratado como si hubiera acuchillado por la espalda a los ciudadanos de Oklahoma City. Durant era un gran jugador de baloncesto, uno de los mejores, buscando un camino para ser campeón.

No se sabe si lo conseguirá, pero decidió buscar otro camino para conseguirlo. Durant suele ironizar, viene a decir que ya se sabe que él es el causante de todos los problemas que tiene la NBA y también el mundo cuando le preguntan por su decisión de irse a los Golden State Warriors. Curiosamente con frecuencia los mismos que machacan a Lebron por aquella decisión similar de irse a Miami no emplean el mismo criterio con Durant. A Ray Allen sus ex compañeros de Boston Celtics aún se la tienen guardada, y no dudan en reflejar cómo se sintieron al saber que Allen se iba a Miami para intentar ser campeón.

El caso es que han pasado cinco años desde que Durant disputara una final de la NBA, y en su primer año en la bahía, nadie lo dudaba, está jugando su segunda final.  Y Durant llegaba a esta final con voracidad, escrito está que KD era posiblemente el jugador de los Warriors que mejor llegaba a la final, incluso mejor que Curry, quien por otro lado ha llegado más fresco que hace un año.

Ha bastado un primer asalto para que la final nos deje varias cuestiones claras: los Warriors ya eran un rival temible para cualquiera, son el mejor equipo de la liga regular, y fueron superados por los Cavs con remontada increíble hace un año. Pero ahora son aún más temibles con Durant.

Los de la bahía de San Francisco han conseguido arrasar a Cleveland en el primer duelo sin tener un día excelso en el triple. Los Warriors jugaron a su ritmo endiablado de siempre, y "sólo" necesitaron de un grandísimo Kevin Durant, imparable en todo momento para los Cavs, con 38+8+8 y a Curry. Qué hubiera sido el partido si además de castigar cada una de las numerosísimas pérdidas de Cleveland, hubieran tenido su día en el triple, la paliza hubiera sido histórica. Lebron y compañía pueden dar gracias que Grenn o Klay no tuvieran su día en el tiro exterior. 

Y aun así, no hubo partido. El encuentro empezó a desequilibrarse ya en el segundo cuarto, los Cavs debían ajustar porque no había forma de parar a Durant, las pérdidas les estaban matando, la bola no circulaba, Lebron tenía serias dificultades para ganar los duelos ante Durant o Iguodala, a pesar de lo cual tiraba del carro, Irving también tenía serias dificultades para ser él, y no había tiros liberados para Kyle Korver mientras Love era una de cal y otra de arena. 

Los Cavs parecieron un equipo pequeño ante los Warriors, y dejaron la falsa sensación de que no hay más cera que la que arde. Sí la hay, y mucha, pero nunca Cleveland puede ir al golpeo mutuo con los Warriors, si los de Oakland te han metido 60 puntos al descanso y 93 en tres cuartos, no tienen ninguna posibilidad de ganar.

Y así fue por una defensa de bajísima intensidad, por intercambios a campo abierto que fueron pasillos para Kevin Durant. Cleveland nunca estuvo cerca de su rival pasado el primer cuarto, porque fue incapaz de asfixiar líneas de pase de sus rivales, su intensidad siempre fue inferior a la de los Warriors, sin defensa, defensa, defensa, Cleveland no tiene nada que hacer. 

Lebron James fue un llanero solitario desgastándose en un emparejamiento defensivo con Kevin Durant que le dejó sin luces para atacar. Cleveland empezó a reaccionar con un ajuste, la defensa de Richard Jefferson sobre Durant, y Lebron empezando a pensar. Su reacción fue de campeón, pero no iba a ser el día.

Warriors asfixió en la pintura cualquier intento Cav, Tristan Thompson nunca ofreció las segundas oportunidades a su equipo con un aro muy bien protagido por Green, McGee, Pachulia o Durant y dejó de jugar. Situaciones de los Warriors de dos contra uno asfixiantes que provocaron pérdidas una y otra vez de Cleveland.

El campeón no lo pareció, en realidad lo pareció el equipo de blanco y amarillo. La mirada perdida de los jugadores de Cleveland y la expresión seria y hasta sorprendida de Lebron muestra que el daño que ha provocado este primer partido no es tanto la pérdida de un primer punto, sino la amenaza real de que, o Cleveland es el equipo que se vio hace un año, honesto y baja a la mina, o se expone a una humillación sin paragón en esta final.

Es difícil predecir qué pasará, fundamentalmente porque estamos hablando de un equipo campeón y de Lebron James y Kyrie Irving. Pero Cleveland deberá bajar el ritmo de su rival, defender de manera milimétrica y asfixiante, y en ataque empezar a disparar desde todos sus flancos; Kyle Korver infrautilizado, JR desaparecido, Shumper infrautilizado, Frye ni utilizado, Derrick Williams ni utilizado. Unos te dan amenaza exterior, otros te dan agresividad hasta el aro y defensa. Cleveland no es un equipo con pajarita. O tienen la energía de su rival, abren el campo para que Lebron piense, y hacen de la defensa su fortaleza o no tiene nada que hacer.

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