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J. L. RESTÁN | LÍNEA EDITORIAL

Optimismo fundado, prudencia necesaria

Davos, con sus excesos y sus particularidades, ofrece solo una de las perspectivas posibles de lo que está sucediendo en el mundo. 

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El clima en el Foro de Davos, que se celebra estos días, es optimista. No se puede considerar a la reunión que congrega a lo más granado del capitalismo global en Suiza un oráculo infalible. Davos, con sus excesos y sus particularidades, ofrece solo una de las perspectivas posibles de lo que está sucediendo en el mundo. En cualquier caso, esta perspectiva apunta a un fuerte crecimiento en el conjunto del planeta, que deja atrás casi diez años de una larga crisis. Estados Unidos y Europa crecen con fuerza. En América Latina hay países como México y Brasil que vuelven a la expansión con claridad. Y se despejan, de momento, las incertidumbres que pesaban sobre China.

Hay motivos para respirar algo más tranquilos. Aunque, como ha señalado Cristine Lagarde, la directora del FMI, venimos de una época de dinero barato y lo lógico es que ahora los tipos de interés comiencen a subir. Hay muchas reformas por hacer y la economía siempre es cíclica. El populismo, al menos en Europa, parece controlado pero no dominado. La amenaza del proteccionismo no se ha disipado. La multipolaridad no es siempre pacífica y el terrorismo sigue muy presente. La llamada IV Revolución Industrial será muy positiva, pero transformaciones tan profundas no se producen de modo indoloro. La inclusión y la lucha contra la desigualdad siguen siendo necesarias. Como venimos de tiempos muy complicados, sabemos que el trabajo por un mundo en el que cada persona pueda vivir de forma digna no se puede abandonar nunca. 

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