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El secuestro de Di Stéfano, uno de los episodios más negros vividos por el Real Madrid

La Saeta Rubia permaneció durante tres días en un piso de Caracas

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José Melero Campos
@ImparablesCope

Redactor y presentador del programa "Imparables Cope".

José Melero Campos

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 02:56

El Madrid de los sesenta hacía frecuentes giras para recaudar dinero y ganar prestigio. Tradición que se mantiene en la actualidad pero elevado al cubo. El Madrid, que por aquel entonces contaba en sus filas con una plantilla que hizo historia, recorrió numerosos países, incluso a lugares de tan poca tradición futbolística como Ghana, Egipto o Estados Unidos. Esta vez viajó a Caracas, para jugar la llamada Pequeña Copa del Mundo, frente al Oporto y el Sao Paulo. Era agosto de 1963.

Venezuela era un país dominado por oligarquías, por lo que proliferaron movimientos que demandaban justicia social. Estaban en aquel momento en periodo electoral, por lo que las tensiones se multiplicaban. Había grupos radicales que querían bombardear las competiciones. De hecho, durante los encuentros se oían tiroteos en las calles y en el interior de los estadios.

En ese contexto, y tras jugar contra el Oporto, el Madrid regresó al hotel Potomac, donde estaba concentrado. Era el 24 de agosto. Los jugadores cenaron y se fueron a las habitaciones. Di Stéfano tenía la suya contigua a la de Santamaría, que se comunicaba por una puerta que no cerraban. A las seis de la mañana sonó el teléfono. El recepcionista le dijo que bajara, que había unos policías que querían verle. Di Stéfano creyó que sería una broma de algunos compañeros que volvían de juerga y no bajó.

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Enseguida aparecieron en la puerta de la habitación dos individuos que se presentaron como policías, pidiéndole que les acompañe a comisaría para un asunto de tráfico de drogas. Santamaría le dijo que no fuera, que avise mejor a un directivo, pero Di Stéfano accedió a acompañarles. Daban por hecho que eran policías, tal y como aseguraba Santamaría.

En cuanto le meten en el coche, a Di Stéfano le confiesan la verdad. Era un secuestro. Le vendaron los ojos. El jefe de los secuestradores le explicaba que se trataba de llamar la atención sobre su movimiento, el Frente Armado de Liberación Nacional, al que pertenecían incluso agentes policiales, y que pronto le soltarían.

Buscaban llamar la atención, y nada mejor que poner el mundo patas arriba atacando al Real Madrid, que recientemente se había proclamado cinco veces consecutivas campeón de Europa. El efecto era doble al secuestrar a su estrella, tal y como afirma el periodista Enrique Ortego. Enseguida la noticia corrió como la pólvora. Primero lo conocieron sus compañeros a través del masajista del club, como recuerda el exjugador blanco, Zoco.

Como no podía ser de otra manera, la prensa española se hizo eco. El Nodo estaba muy pendiente de cómo se desarrollaban los acontecimientos. Y como sucede en estos casos, las especulaciones sobre el paradero y el estado de salud de Di Stéfano estaban presentes en todas las conversaciones. Desde los medios de comunicación hasta el bar del pueblo más recóndito. Así lo recuerda el periodista Alfredo Relaño, por aquel entonces un crío.

Ante este panorama, el miedo se apoderó de los jugadores que permanecían atrincherados en el hotel de Caracas. Temían que pudieran correr la misma suerte que su compañero. Pero de momento debían permanecer en el país latino, por orden expresa del presidente del Real Madrid, Santiago Bernabéu, que esgrimía que no se podía dejar a su jugador solo.

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Mientras la preocupación crecía, Di Stéfano permanecía en el piso con los secuestradores. Pensaba en escapar, aunque le retenía la idea de recibir un disparo tras el intento. Estaba en un primer piso, por lo que huir por la ventana era una opción que contemplaba. Optó por esperar y suplicar que le soltasen, ya que habían generado el ruido suficiente que buscaban. Además, el estado de salud de su padre era precario.

El secuestro se prolongó durante casi tres días. Una vez se produjo la liberación, la estrella blanca se tiró del coche y se escondió en un árbol. Sus secuestradores huyeron, y él se dirigió en taxis a la Embajada de España en Venezuela. El consulado, por tan solo diez minutos, estaba cerrado. Llamó hasta quemar el timbre. Finalmente le abrieron la puerta. Inmediatamente le reconocieron.

El mismo día de su liberación, el Madrid jugaba otro partido, contra el São Paulo. Bernabéu dio la orden de que Di Stéfano jugara el encuentro, para dar sensación de gran valor. No hizo una gran actuación, como era de prever dadas las circunstancias. Fue sustituido en la segunda mitad por Evaristo. Su regreso a España, junto al resto del equipo, fue una alegría celebrada por todos.

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