SÁBADO 25 DE AGOSTO

San José de Calasanz, el hombre que presentó a Jesús a los niños pobres de Roma

José pudo ser caballero, pero renunció a todo para que la gente conociera a Jesús. Sus pasos le llevaron a Roma a enseñar el catecismo a los niños desamparados, hasta ser padre de los Escolapios.

San José de Calasanz

  Exe Lobaiza

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 11:05

Hoy hacemos memoria de San José de Calasanz. Peralta de la Sal en Huesca vería nacer en el año 1557 a este Santo que es hijo del gobernador y tiene por madre a una mujer sencilla que le educa en la Fe. Desde pequeño combina la devoción a la Virgen María y el odio al pecado, porque aparta a las almas de Dios. Su padre quiere hacer de él un noble caballero, pero a José lo único que le importa es que la gente conozca a Cristo.

Su disponibilidad le hace plantearse el sacerdocio y empieza por estudiar Filosofía y Teología entre Lérida y Valencia. En este tiempo, las riquezas de la vida son muy tentadoras para abandonar el camino elegido y hacerse un caballero como su padre hubiese querido. ¡Total! Bastaría con ser buena persona y vale. Pero él sigue en su empeño hasta que se ordena sacerdote en Barbastro. Atrás quedan tentaciones vencidas con la convicción de que habrá más dificultades, pero Dios puede a todo eso y «quien está con Él, vence».

Afianzado más en su sacerdocio se doctora en Teología en Barcelona. Parece que ahí terminaba todo, pero no fue así, porque es llamado a Roma dado su prestigio. El Papa San Pío V saca el catecismo para impartir la Fe a las almas y José de Calasanz lo adapta a los niños de Roma que no tienen apenas cultura con sus explicaciones. No contento con eso, quiere hacer algo más por esos niños para darles una educación más integral. Así surgen las escuelas Pías dedicadas a la enseñanza.

El Papa aprobará esta fundación y la hará Congregación. Son los más conocidos como Escolapios. Todo bien hasta aquí, pero la manera de fortalecerse es con la prueba y, ante fuertes discusiones el propio Fundador, es apartado de General de la Congregación hasta que tras la tempestad viene la calma y será repuesto en ese servicio. Muere en 1648 y este carisma dedicado a la enseñanza se dilata por España, Italia, Austria y salta a los otros continentes con esa fidelidad al camino trazado de la enseñanza y la educación, especialmente a los niños más necesitados y pobres.

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