La puerta del redil, por José-Román Flecha

La puerta del redil, por José-Román Flecha

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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"Conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías" (Hech 2,36). Ese es el núcleo del discurso que Simón Pedro dirige a las gentes de Jerusalén en la mañana de Pentecostés.

El que había negado a Jesús hasta tres veces ha recibido ahora del Espíritu la fuerza profética para anunciar al que es la Vida y denunciar a los que le dieron la muerte. Ese es el núcleo de la fe cristiana. El Crucificado es el Resucitado. Y por el Viviente nos llega la vida también a nosotros, afectados por el temor a la pandemia y a la muerte.

También en estos momentos de turbación podemos repetir las palabras del salmo: "El Señor es mi pastor, nada me falta" (Sal 22,1).

Para muchos hermanos nuestros, que se han entregado al servicio de los contagiados por el virus, trae un importante mensaje la segunda lectura de la misa de hoy: "Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia por parte de Dios" (1 Pe 2,20).

Tres personajes

Al comienzo del texto evangélico que se proclama en este año (Jn 10,1-10), se nos presentan tres personajes, que tienen algo que ver con el rebaño. En las primeras comunidades había que dar algunos criterios para reconocer al ladrón, al pastor y al guarda.

y una relación

Después de referirse a esos tres personajes que entran en juego ante el rebaño, Jesús apela a otra imagen, necesaria en el redil: "Yo soy la puerta de las ovejas". ¿Qué significa esta imagen para nosotros?

Jesús es la puerta. Por él podemos ir a encontrarnos con Dios. Por él Dios nos visita, nos acoge y nos perdona. Y por él encontramos a todos nuestros hermanos, sabiendo que hemos de estar abiertos para ellos, al igual que ellos se abren a nosotros.

Señor Jesús, tú eres la puerta santa, por la cual el Padre nos ha enviado la salvación y por la cual nosotros podemos penetrar de alguna manera al misterio de Dios. Tú eres la puerta humilde y sencila que nos facilita el encuentro y la comunicación con nuestros hermanos y que se abre para acogerlos con hospitalidad. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.

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