El don del Espíritu

El don del Espíritu

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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"Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu Santo les concedía manifestarse". Ese parece ser el primer efecto de la presencia del Espíritu Santo entre el grupo de los apóstoles de Jesús (Hech 2,1-11).

La altanería de los hombres había suscitado en ellos, allá en Babel, la pretensión de alcanzar el cielo con sus propias fuerzas. Ese orgullo había generado la confusión y la dispersión. Ahora el Espíritu de Dios infundía sobre la naciente comunidad el don del amor, que favorecece y alienta la comunicación y la comunión entre las personas.

Con el salmo responsorial, la Iglesia repite en este día una súplica con la que implora de Dios el don de la vida: "Envía tu Espíritu Señor, y repuebla la faz de la tierra" (Sal 103).

En la segunda lectura se nos dice que, ante los fieles de Corinto que presumen de los dones y carismas que han recibido, san Pablo insiste en recordar que la llamada del Espíritu los orienta a formar un solo cuerpo (1 Cor 12,13).

DEL MIEDO A LA PAZ

El evangelio de Pentecostés nos sitúa de nuevo en el "primer día de la semana". Las mujeres que llegaron al sepulcro muy de mañana, lo encontraron vacío. Esa noticia suscitó en los discípulos del Señor sentimientos de asombro y de alegría. El miedo los había encerrado en una casa, pero precisamente allí percibieron la presencia del Resucitado (Jn 20, 19).

LA GRACIA Y EL PERDÓN

Tras mostrarles las huellas que demostraban su identidad, el Resucitado sopló sobre sus discípulos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos""(Jn 20, 23).

Señor Jesús, en esta fiesta de Pentecostés te agradecemos muy sinceramente el don de tu Espíritu de amor y de vida. Te pedimos que él nos ayude a recordar siepre tu mensaje de gracia y de perdón y que nos conceda la audacia necesaria para anunciar la paz y la misericordia divina a todas las gentes. Amén.

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