Varden alerta en el Vaticano: “La ambición es un virus secreto, un mal sutil”
El obispo Erik Varden dirige la quinta meditación de los ejercicios espirituales de Cuaresma para el Papa y la Curia, centrada en el 'esplendor de la verdad'

Madrid - Publicado el
2 min lectura
Monseñor Erik Varden ha dirigido este martes la quinta meditación de los ejercicios espirituales de Cuaresma para el Santo Padre León XIV y la Curia romana. En su reflexión, ha advertido sobre las tentaciones como la ambición y la importancia de custodiar “el esplendor de la verdad” frente a la falsedad.
Un mal sutil, un virus secreto
Varden ha recordado las palabras de San Bernardo para alertar sobre la tentación: “Quiero advertirles: nadie vive en la tierra sin tentación; si a alguien se le libera de una, que espere seguramente otra”. Por ello, ha subrayado la necesidad de cultivar un equilibrio entre la seguridad en la ayuda de Dios y la desconfianza en la propia fragilidad.

El obispo ha definido la ambición como “una forma poco sutilmente sublimada de codicia” y una “alienación de la mente” que surge cuando se olvida la verdad. Citando de nuevo a Bernardo, la ha descrito como “un mal sutil, un virus secreto, una peste oculta, un artesano del engaño”, además de “madre de la hipocresía” y “progenitora de la envidia”.
Según Varden, esta ambición es una forma de “locura” que resulta especialmente “ridícula” cuando se manifiesta en “personas dedicadas al servicio desinteresado”. Ha señalado que no es casualidad que la figura del clérigo ambicioso persiga a la literatura y al cine como un tropo cómico.
La respuesta es la santidad
Frente a la pregunta “¿Qué es la verdad?”, que las personas se hacen hoy “sinceramente”, el monje cisterciense ha instado a no malgastar energías en las “tentaciones banales del miedo, la vanagloria y la ambición”. Es imperativo, ha dicho, ver y articular el mundo a la luz de Cristo, que es la Verdad.
Varden ha rechazado la idea de “seguir las modas del mundo”, afirmando que si la Iglesia habla su propio lenguaje, el de las Escrituras, los santos y los poetas, “será original y fresca”. En este sentido, ha recordado las palabras del cardenal Schuster en su lecho de muerte: “Parece que la gente ya no se deja convencer por nuestra predicación, pero en presencia de la santidad, todavía creen, todavía se arrodillan y oran”.

Finalmente, ha destacado que la llamada universal a la santidad fue “la nota más fuerte que tocó el Concilio Vaticano II”. La pretensión cristiana de la verdad, ha concluido, se vuelve convincente “cuando su esplendor se hace personalmente evidente con amor sacrificial en la santidad”.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.





