León XIV a los jóvenes de Mónaco: "Lo que da solidez a la vida es el amor; la experiencia iluminadora y sagrada del amor mutuo"
En el exterior de la iglesia de Santa Devota, patrona de Mónaco, el papa se ha reunido con los jóvenes y los catecúmenos de Mónaco.

MONACO (Monaco), 28/03/2026.- Pope Leo XIV (C) during a meeting with young people and catechumen in the area in front of the church of St. Devote, Monaco, 28 March 2026. Pope Leo XIV is on apostolic journey to Monaco. (Papa) EFE/EPA/ETTORE FERRARI
Madrid - Publicado el
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El Papa ha llegado, entre gritos de júbilo, a la plaza que se encuentra ante la iglesia de Santa Devota, el templo dedicado a la patrona del Principado, una mártir natural de Córcega, que vivió durante el siglo cuarto y que también es patrona del mar. Su patronazgo de la ciudad-estado simboliza la unión indisoluble de Mónaco con el mar Mediterráneo, de hecho, en ese templo se encuentran enterrados los restos de la santa francesa.
Lo primero que ha hecho el Pontífice ha sido entrar en el templo para rezar y rendir pleitesía a la mártir. Acto seguido, el papa ha salido de la iglesia y ha mantenido un emocionante encuentro con la juventud monegasca. El Papa ha hecho referencia a santa Devota y, ha recordado cómo, ante los jóvenes, su memoria se conecta con la de San Carlo Acutis, santo millenial y patrón de internet, todo un símbolo del apostolado online, que guía a tantos jóvenes, hoy día.
El Arzobispo de Mónaco, Dominique Marie-David ha comenzado con un discurso dedicado al Pontífice y al legado espiritual y cultural de la patrona nacional Santa Devota. Tras eso, un joven monegasco, Benjamin, y una joven portuguesa, Andrea, le han compartido al Pontífice sus inquietudes en su camino de vida y en su enfrentamiento a un mundo complejo, en constante cambio y que puede distraer a los jóvenes de lo verdaderamente importante. Tras un espectáculo en el que unas jóvenes bailaban una pieza tradicional monegasca, vestidas de acuerdo al folklore nacional, el Papa ha tomado la palabra.
El Papa ha recogido esas palabras de Benjamin y Andrea: "Como dijo Benjamin, vivimos en un mundo que parece ir siempre de prisa, ávido de novedades, amante de una fluidez sin vínculos, marcado por una necesidad casi compulsiva de cambios continuos: en las modas, en la apariencia, en las relaciones, en las ideas e incluso en dimensiones constitutivas de la identidad de la persona."
Tras eso, ha respondido a él, a los jóvenes que se agolpaban frente a la iglesia de Santa Devota y a todos los jóvenes del mundo: "Pero lo que da solidez a la vida es el amor; la experiencia fundamental del amor de Dios, ante todo, y luego, por extensión, la experiencia iluminadora y sagrada del amor mutuo. Y amarse recíprocamente, si por un lado requiere estar abiertos a crecer y, por lo tanto, a cambiar, por otro exige fidelidad, constancia y disposición al sacrificio en la vida cotidiana. Sólo así la inquietud encuentra paz y se llena el vacío interior del que hablaba Andreia, no con cosas materiales y pasajeras, ni siquiera con el reconocimiento de miles de “me gusta”, o con afiliaciones condicionantes, artificiales, a veces incluso violentas. Hay que despejar la puerta del corazón de estas cosas, para que el aire sano y oxigenante de la gracia pueda volver a refrescar y revitalizar sus habitaciones, y para que el fuerte viento del Espíritu Santo pueda volver a henchir las velas de nuestra existencia, impulsándola hacia la verdadera felicidad."
El Papa ha continuado en su discurso haciendo referencia a una famosa frase de San Agustín: "En este sentido, podríamos interpretar también la hermosa, aunque a veces malinterpretada, frase de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras» (Homilía séptima sobre la primera carta de san Juan a los partos, 7, 8). Ama, es decir, sé un don gratuito para Dios y para los demás; sé cercano, no te alejes, incluso cuando no puedas resolver todos los problemas ni arreglar todas las dificultades. Permanece allí, con amor y con fe. Mónaco es un país hermoso, pero la verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad."
Por último el Pontífice les ha exhortado a no tener miedo: "Queridos jóvenes, no tengan miedo de entregarlo todo —su tiempo, sus energías— a Dios y a los hermanos, de entregarse por completo al Señor y a los demás. Sólo así encontrarán un gozo siempre nuevo y un sentido cada vez más profundo en la vida. El mundo necesita de su testimonio para superar las derivadas de nuestro tiempo y afrontar sus desafíos, y sobre todo para redescubrir el buen sabor del amor a Dios y al prójimo.", concluía León XIV.





