La primera Misa de Domingo de Ramos de León XIV: "Escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la guerra"
León XIV se estrena en la Semana Santa con una emocionante celebración de Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro entre palmas y ramas de olivo

León XIV con una palma
Madrid - Publicado el
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"Depongan las armas, recuerden que son hermanos", exclama el Papa León XIV ante una abarrotada Plaza de San Pedro, llena para vivir junto al Pontífice su primera celebración de Domingo de Ramos, como sucesor de San Pedro. Su Homilía, tras escuchar la Pasión en las lecturas, giró en torno a la figura de Jesús como rey de la paz. Esa paz "desarmada y desarmante" que el Papa ha acogido como signo central de su inicio de papado. Las guerras sucesivas que han salpicado este primer año de León XIV han causado un gran dolor en un Pontífice que no pierde la ocasión de condenar la violencia de insistir en alcanzar la paz, de cercenar de una vez por todas el doloroso enfrentamiento fraticida que inunda de muerte, pobreza y degradación a la humanidad.
"Miremos a Jesús, que se presenta como Rey de la paz, mientras a su alrededor se prepara la guerra. Él, que permanece firme en lamansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte.
Como Rey de la paz, Jesús quiere reconciliar al mundo en el abrazo del Padre y derribar todos los muros que nos separan de Dios y del prójimo, porque Él «es nuestra paz » (Ef 2,14).
Como Rey de la paz, entra en Jerusalén montado en un asno, no en un caballo, cumpliendo así la antigua profecía que invitaba a regocijarse por la llegada del Mesías: «Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de una asna. Él suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; el arco de guerra será suprimido y proclamará la paz a las naciones» (Za 9,9-10).
Como Rey de la paz, cuando uno de sus discípulos desenvaina la espada para defenderlo y hiere al siervo del sumo sacerdote, Él lo detiene de inmediato diciendo: «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere» (Mt 26,52).
Como Rey de la paz, mientras cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas, Él «se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca» (Is 53,7). No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra. Mostró el rostro manso de Dios, que siempre rechaza la violencia y en lugar de salvarse a sí mismo, se dejó clavar en la cruz, para abrazar todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad." enumeraba el Papa en su homilía, que terminó encomendándose a la Virgen María para poder alcanzar la certeza de la muerte no tendrá la última palabra y que su poder sobre nosotros, es inexistente.





