El grito de auxilio de los cristianos ante una persecución sin precedentes: "Nigeria está sangrando y destruida"

La Iglesia local denuncia un "programa islamista" para reducir su presencia en el país, marcado por el secuestro de 200 sacerdotes y masacres sistemáticas de civiles

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Redacción Religión

Publicado el - Actualizado

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Nigeria se encuentra actualmente en una situación límite, moviéndose peligrosamente "al borde del colapso". La escalada de violencia y la grave inseguridad que azota a todo el territorio nacional han alcanzado niveles nunca vistos, situando a la comunidad cristiana en una diana constante de ataques terroristas y bandas criminales.

 Lo que hace años eran focos aislados se ha convertido hoy en una realidad cotidiana de horror que amenaza la propia supervivencia de la fe en la región

Un país bajo el asedio de tres frentes

La inseguridad que desgarra Nigeria no proviene de una única fuente, sino de una combinación letal de tres fuerzas violentas que operan con distintas motivaciones. Por un lado, los grupos yihadistas como Boko Haram e ISWAP continúan sembrando el terror en el noreste. A este escenario se suma la proliferación de bandas de secuestradores que han hecho de la Iglesia un blanco lucrativo; de hecho, el fenómeno de los raptos afecta ya al 70% de las diócesis del país.

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Finalmente, los grupos extremistas de pastores fulani representan un peligro creciente, especialmente en el cinturón central de Nigeria. En el estado de Benue, de mayoría católica, estas milicias actúan con total impunidad, arrasando aldeas enteras y provocando matanzas como la sufrida en la aldea de Yelwata, donde 259 cristianos fueron asesinados de forma atroz. Esta violencia multifacética ha provocado que solo en dicho estado ya existan 1,5 millones de desplazados internos.

"Estamos en peligro de mantener nuestra fe"

La gravedad de esta crisis ha sido expuesta con crudeza por los líderes religiosos que viven en primera línea de este conflicto. Mons. Ignatius Kaigama, arzobispo de Abuya, ha sido la voz más contundente al describir un panorama desolador donde la Iglesia es perseguida de forma sistemática. Según el prelado, no se trata de incidentes aislados, sino de una estrategia deliberada.

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"Nigeria está sangrando, herida y destruida. Estamos en peligro de mantener nuestra fe", afirmó Mons. Kaigama, denunciando la existencia de un "programa islamista" cuyo objetivo es reducir drásticamente la presencia cristiana en el país. El arzobispo relató cómo el miedo se inyecta mediante el secuestro recurrente de sacerdotesmás de 200 en la última década— y el bombardeo de laicos que simplemente acuden a misa, impidiendo que las comunidades puedan reunirse. Él mismo mantiene actualmente a tres sacerdotes de su archidiócesis secuestrados, una muestra de una realidad que se multiplica por toda la geografía nigeriana.

La Iglesia como motor de sanación

A pesar de la magnitud de la tragedia, la Iglesia local se mantiene como el principal refugio para una población psicológicamente rota por los ataques y los asesinatos. José María Gallardo, director de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) en España, pudo comprobar esta resiliencia tras viajar recientemente a las zonas más castigadas junto a una delegación internacional. "Hemos ido para palpar con nuestras propias manos el dolor y el sufrimiento de nuestros hermanos en la fe", explicó Gallardo, subrayando que la delegación regresó "sobrecogida" por la fortaleza de unos cristianos que no renuncian a su creencia a pesar de la persecución.

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Para responder a este desafío, se están impulsando proyectos que van más allá de la asistencia material. El objetivo prioritario ahora es la sanación del trauma, transformando el dolor en perdón para evitar que la violencia se perpetúe. Para ello, se proyecta la creación de centros de asistencia psicológica y espiritual en las diócesis de Makurdi y Abuya, donde los sacerdotes nigerianos puedan acompañar a las víctimas en su reconstrucción personal.

Proteger el futuro de la evangelización

El apoyo también se centra en garantizar que la labor pastoral no se detenga por culpa del miedo. En lugares como el seminario de Kaduna, uno de los grandes "semilleros vocacionales" de África, se trabaja para garantizar instalaciones seguras que protejan a los jóvenes aspirantes al sacerdocio.

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 Asimismo, en diócesis rurales como Zaría, donde las bandas criminales acechan los caminos, se está financiando la compra de motocicletas y sistemas de alarma para que sacerdotes y catequistas puedan moverse sin convertirse en blancos fáciles de secuestro. Solo durante 2025, ACN destinó más de 3 millones de euros a sostener esta misión en uno de los países más hostiles para los cristianos, reafirmando que la esperanza debe tener la última palabra sobre el odio.

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