La satisfacción de los voluntarios granadinos con los refugiados ucranianos: “Recibimos su agradecimiento”
La archidiócesis de Granada comparte varios testimonios de voluntarios que llevan varios meses ayudando a los refugiados ucranianos

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La archidiócesis de Granada está muy comprometida con la ayuda al pueblo ucraniano desde el estallido de la guerra. El próximo 6 de noviembre celebrará su Día de la Iglesia Diocesana bajo el lema “Dar gracias por tanto” y desde la propia archidiócesis se han dado a conocer una serie de testimonios que engrandecen la labor desinteresada de cientos de personas en su ayuda a la gente que más lo necesita.
La historia de Paco comenzó estando en casa, cuando no se sentía tranquilo ante la situación injusta que se vivía en el país ucraniano. Ante esto acudió a su parroquia, situada en el granadino barrio del Zaidín y se apuntó a la lista de voluntarios para personarse poco después en el seminario mayor, centro de operaciones del programa de “Ayuda a Ucrania” impulsado desde el arzobispado de Granada. “Allí empezamos a organizar la organización del conjunto de los voluntarios. Hemos llegado a tener más de cien voluntarios en un solo turno”, cuenta.
"Una satisfacción muy grande"
Paco recuerda el gesto serio y el orgullo a la hora de querer valerse por ellos mismos de las primeras familias ucranianas que llegaban a refugiarse en Granada. “El papel del voluntariado siempre ha sido gratificante. Yo estaba ahí en medio como una pieza de encaje entre dos partes: de parte de los donantes he recibido su generosidad y de los receptores, su agradecimiento. Es verdaderamente una satisfacción muy grande”.
“Las mejores vacaciones de mi vida”
Camino de la compra con su carrito estaba Maricruz cuando se topó con el ropero solidario para los ucranianos, habilitado por el arzobispado en una céntrica calle de Granada. No tardó mucho en pararse, preguntando si necesitaban voluntarios. Era verano y, con varios voluntarios yéndose de vacaciones, lo cierto es que hacían falta manos para ocuparse de organizar el ropero. “Al final en el mes de agosto nos quedamos solamente dos. Estuvimos codo a codo trabajando y, al final, mi compañera me dijo que ayudando en el ropero había pasado las mejores vacaciones de su vida”, explica con emoción.
Esta ama de casa indica que siempre ha desempeñado con mucho agrado la tarea de voluntaria. Lo hace con mucho ingenio, sirviéndose del traductor de Google para poder comunicarse con las personas ucranianas que acuden a probarse ropa. “La verdad es que yo hablo con ellas, nos reímos, el rato que vienen aquí creo que se olvidan por completo su problema tan grande”.
Maricruz dedica su tiempo con especial cuidado, llegando al ropero incluso una hora antes de la apertura para “ir organizando cosillas”. Ella misma se sorprende de la generosidad de la gente que dona bolsos e incluso bisutería, que ella aparta con cariño para cada persona ucraniana que va conociendo, a medida que va sabiendo de sus gustos y estilo. Después de estos meses de dedicación, ella sigue ofreciéndose para ordenar todo lo que llega al ropero y recibir a las nuevas familias de ucranianos que siguen llegando a la diócesis. Una labor por la que dar verdaderamente gracias.





