Rosa María Abad, catequista en Madrid: "Somos un puente que ayuda a llevar a Dios a las personas"

El pasado 23 de enero de 2022 el papa Francisco le otorgó el Ministerio del Catequista junto con siete catequistas más de todo el mundo

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Rosa María Abad es la primera laica española en recibir el ministerio del catequista e invita a llevar el Evangelio con alegría y sin complejos. Recibió el pasado mes de enero de manos del Papa Francisco el ministerio de catequista: “Cuando me dieron la noticia no sabía ni qué decir. Pero es que a veces, Dios te deja sin palabras”, ha explicado a los medios de la CEE esta madrileña bibliotecaria de profesión, pero “catequista de vocación”.

Rosa María es uno de los más de 85.000 catequistas que en la Iglesia en España hacen de puente "para llevar a Dios a quien quiere saber de él".



Rosa, ¿Cuál es tu labor dentro de la Iglesia?

Mi labor es dar catequesis a los chavales de la parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria en Madrid. Además, soy miembro del Equipo de Expertos de la delegación de Catequesis de la diócesis de Madrid y socia de la Asociación Española de Catequetas. Pero lo fundamental es que soy catequista de vocación. Llevo 10 años dedicando parte de mi vida a ello.

El 23 de enero de 2022 el papa Francisco te otorgó el Ministerio del Catequista junto con siete catequistas más de todo el mundo ¿Qué significa esta figura entendida como ministerio? ¿Puedes explicarla?

Es un ministerio que se da a los laicos. Los primeros cristianos contaban con esta figura, pero se quedó ahí. Y fue el Papa Francisco quien en mayo de 2021 lo volvió a instaurar el domingo de la palabra de Dios.

¿Qué supuso en tu vida?

Recibí este reconocimiento con muchísima emoción, alegría y responsabilidad pero, por encima de todo, con muchísimo agradecimiento al Señor. Yo jamás pensé que iba a recibir algo tan grande. Todavía me emociono al recordarlo. Fue una ceremonia preciosa en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Un lugar, por cierto, donde todo ocurre con mucho protocolo.

En un principio, íbamos a ser más catequistas, pero, por la pandemia, al final solo fuimos ocho. El Papa nos recibió en privado, tiene una mirada limpia y serena. Cuando te mira, te llega adentro del alma. Lo primero que hizo es preguntarme mi nombre y de dónde era. Estuvimos charlando un rato y al final me dijo: sigue adelante con tu labor ¡Felicidades!



¿Cómo te ha transformado este ministerio?

A nivel institucional, hablando con medios de comunicación y dando charlas en parroquias, algo que para mí, es muy nuevo. Pero me quedo con las dos imágenes que se vinieron a mi mente cuando me dijeron si quería aceptar este ministerio: el evangelio del niño y la Virgen María.

Cuando Jesús le dijo al niño que le siguiera, él le respondió que no. Y yo pensé: “Qué chaval…lo que se ha perdido”. En segundo lugar, la figura de la Virgen María, ella dio un “sí” sin condiciones. En mi caso, cuando dije mi “sí”, supe que me estaba comprometiendo a tres niveles: conmigo misma, con la Iglesia y con los demás allí donde requieran mi presencia.

El Vaticano insiste en que este ministerio tiene “un fuerte valor vocacional” ¿Cómo lo vives?

Francisco dice que Dios nos está esperando en el hombre de hoy. Y es verdad, solo hay que hacérselo saber. El Papa lleva tiempo diciendo que para la Iglesia es muy importante la labor de los laicos y la de los catequistas. Nos está pidiendo que nos demos al cien por cien, porque Dios nos espera en cada hombre y hay que encontrar la manera de que se dé cuenta de ello.

Tenemos que escuchar, que empatizar y llevar el Evangelio con alegría, sin miedo y sin complejos. Porque es verdad que cuando Dios entra en tu vida, te llena de tanto amor que tienes que comunicarlo. Esto no es difícil, es algo que fluye.



¿Hacia dónde camina la catequesis?

Yo creo que Dios es el mismo de ayer, de ahora y de siempre. Lo que cambia es la forma de hacerlo llegar a los demás. Yo creo que los catequistas somos un puente que ayuda a llevar a Dios a quien quiere saber de él y al que no quiere, también, porque así se pone en contacto con nosotros. La Iglesia siempre ha vivido momentos complicados, pero los catequistas tenemos que pensar que no estamos solos.

Debemos de ir todos juntos a una, y, para eso, es importante que profundicemos en nuestra propia fe. Para ello, es imprescindible la formación, sobre todo en las sagradas escrituras. Creo que una de nuestras metas debe ser conocer y contextualizar los Evangelios y, a partir de ahí, como me dijo el Papa… ¡Adelante!


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