Mons. Escribano cuenta a Aleluya la felicitación que más le ha emocionado o la especial relación con su madre

El nuevo Arzobispo de Zaragoza reconoce que el pueblo aragonés guarda similitudes con Logroño pero los retos serán diferentes

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Mons. Carlos Escribano abandonará en un periodo de dos meses el obispado de Calahorra y La Calzada-Logroño, del que ha sido titular de la diócesis en los últimos cuatro años. Pone rumbo a Zaragoza para asumir su Archidiócesis.

No podemos ser ingenuos, aunque la Santa Sede haya hecho público este martes el nombramiento, él lo sabía desde hace unos días, tal vez una semana, como revela en declaraciones a Aleluya: “Te lo comunican antes porque te tienen que nombrar. El Nuncio te nombra y te hace llegar la carta del Santo Padre. Tienes que dar tu consentimiento, y a partir de ahí, si dices que aceptas, se pone en marcha el mecanismo. Hace unos días que lo sé, sí”.

Nos asegura que ha guardado el secreto con sus más allegados. El primero en saberlo ha sido su madre, pero tan solo unas horas antes de hacerse oficial, porque tal y como afirma “me parecía un poco fuerte que se enterase por la prensa”.

También a su madre, con quien convive desde la muerte de su marido, le tocará hacer la maleta. Realmente tampoco irán muy lejos, ya que madre e hijo vuelven a los orígenes, a Aragón, donde Don Carlos se ordenó sacerdote, fue vicario episcopal de Zaragoza, párroco en el Sagrado Corazón, en Santa Engracia... “Es como volver a casa diez años después, pero con la mismo ilusión”, confiesa a Aleluya.

La distancia que separa Logroño de Zaragoza son 170 kilómetros. Apenas una hora y media en coche. El valle del Ebro une a ambas poblaciones. La historia les une, por lo que para el nuevo Arzobispo de Zaragoza, supone una ventaja a la hora de integrarse: “En cada territorio el reto es distinto, pero nos unen muchas cosas. Zaragoza es una diócesis más grande, con otros problemas”.

La respuesta pastoral ante la crisis social que ha traído consigo la pandemia será uno de los desafíos a corto plazo para el religioso, a lo que se suma adaptar a la Iglesia maña a los cambios sociales anteriores al coronavirus: “Tenemos que generar estrategias pastorales para iluminar esos retos y transmitir el anuncio del Evangelio y el amor de Dios”.

Preguntado si impone ser el nuevo “jefe” de la Virgen del Pilar, Mons. Escribano se lo toma con filosofía: “Como decimos aquí, la Virgen del Pilar es mucha Virgen del Pilar, porque somos devoto de María desde los primeros momentos de la cristiandad. Es una gran responsabilidad al ser un legado vivo al paso de los siglos y lo tienes que custodiar al ser Arzobispo de Zaragoza”.

Aún quedan dos meses para la toma de posesión, por lo que su agenda seguirá centrada en Logroño, con quizás algún que otro viaje a Zaragoza. Pero ya advierte que lo que más echará de menos de La Rioja será a la gente, “la grandeza de esta tierra que es hospitalaria, los amigos, la fe arraigada...”

Para concluir, desde Aleluya hemos preguntado a Mons. Carlos Escribano la llamada telefónica que más ilusión le ha hecho en este martes frenético para él. No ha dudado en respondernos: “La de un amigo mío enfermo de cáncer. Es de Zaragoza, y me ha hecho especial ilusión que me felicitara, ya que pese a todo, me ha comentado que reza por mí”.

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