La emotiva misa funeral por los 45 fallecidos en el trágico accidente ferroviario de Adamuz: "Se hizo de noche, noche oscura y trágica"
El Obispo de Córdoba, Jesús Fernández, ha presidido la celebración desde Adamuz en la que han estado presentes familiares de las víctimas y miembros de los servicios de emergencia

El Obispo de Córdoba, durante la Misa Funeral
Madrid - Publicado el - Actualizado
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"Se hizo de noche, noche oscura y trágica", así comenzaba su homilía Jesús Fernández, obispo de Córdoba en la emocionante misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario que acabó con la vida de 45 personas. "Cientos de personas emprendieron un viaje en direcciones opuestas, 45 de ellas nunca llegaron al destino buscado", continuaba el prelado. El dolor que sienten los familiares y la consternación de toda España han sido resumidas en una sola frase al inicio de la Homilía en Adamuz.
Es el primer funeral que se ha celebrado desde el accidente. Una semana después de que un amasijo de hierros inundara las vías de la línea de alta velocidad que une Madrid con Andalucía. En dos trenes se produjo una tragedia sin precedentes. Una vía que se quiebra, descarrilando un AVE de la empresa Iryo con la mala fortuna de que, unos segundos más tarde, un ALVIA pasaba por la vía paralela sin poder hacer nada para esquivar el otro tren. Lo siguiente que vieron los testigos y afectados es un escenario de guerra, un infierno en la tierra: cientos de heridos, personas atrapadas, cadáveres esparcidos por la vía...
La mayor de las tragedias trajo también la mayor de las luces, reflejadas en un pueblo solidario, una localidad, la de Adamuz, que se comportó de manera ejemplar y se volcó en la ayuda desde el primer momento. El párroco, Rafael Prados, puso en marcha todo su potencial y el de Cáritas Parroquial para dar apoyo a los afectados. Julio, un joven pescador, como los discípulos de Cristo, se lanzó corriendo a rescatar a los heridos que todavía estaban en la vía, es uno de los grandes héroes de la tragedia y ha participado en la Misa, recitando el Salmo Responsorial. El propio lugar en el que se está celebrando el funeral, es la carpa que sirvió para atender a las víctimas y a los familiares tras el accidente.
La esperanza, quedó muy mermada, la fe, en muchos casos, se tambaleaba tras un golpe tan fuerte como este: "¿Cómo Dios permitió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo siendo una persona tan buena le pudo pasar lo que le pasó?", son las preguntas con las que Jesús Fernández resume todas esas dudas que surgen a los que han vivido las consecuencias en su propia carne o en la de su familia. Para recuperarla, "tendremos que hacer un esfuerzo por apartar nuestros pensamientos de la dirección de lo trágico para recordar, para volver a pasar por el corazón los regalos que nos fueron proporcionando, no sólo a su familia, sino a todos, en su condición de abuelos, padres y madres, hijos, nietos, vecinos, feligreses… Recordemos sobre todo su generosidad, su apertura social, su fe y piedad", continúa el Obispo.
"Pero, sobre todo, hagamos como el autor del Libro de las Lamentaciones, volvamos nuestro pensamiento a Dios. Ciertamente, Él no nos ha ahorrado a nadie pasar este trago amargo de muerte y dolor, ni siquiera a su propio Hijo Jesucristo. También Él tenía una Madre que lloró la muerte más injusta y dolorosa, más humillante y escandalosa. También Él tenía amigos que vieron truncada su esperanza de gozar de su presencia y amistad, de escuchar su voz sabia, firme y a la vez tierna, de recibir su apoyo ante la dificultad", anima Jesús Fernández a los fieles.
Varios miembros de los servicios de emergencias que actuaron, una vez más, de forma ejemplar ante la tragedia y ante lo inimaginable, han asistido a la celebración. Uno de ellos ha leído las peticiones, en las que pidió por las almas de los tristemente fallecidos en el accidente y también por sus familiares.





