Los obispos comienzan su reunión en Asamblea Plenaria

Los obispos comienzan su reunión en Asamblea Plenaria

Agencia SIC

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Los obispos españoles celebran su Asamblea Plenaria del 19 al 23 de abril de 2021. La Asamblea comienza hoy lunes al mediodía con el discurso del presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella. Seguidamente intervendrá el nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito C. Auza.

En esta nueva reunión después de más de un año de pandemia por la Covid-19, en esta reunión no se contará con la presencia de los obispos eméritos, que podrán seguir las sesiones de la Asamblea Plenaria online.

Otros asuntos del orden del día

El orden del día también incluye el estudio de los siguientes temas:

Nombramientos

Los obispos miembros de la Asamblea Plenaria elegirán al nuevo presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales, tras el fallecimiento, el pasado 28 de enero, de Mons. Juan del Río. Desde entonces ha ocupado el cargo el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca. También está prevista la elección del Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca. Como es habitual, se procederá a la aprobación de distintas Asociaciones Nacionales.

Discurso del presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona

1. Saludo inicial

Queridos cardenales, arzobispos, obispos, administradores diocesanos, querido Sr. nuncio de Su Santidad en España, personal de la Casa de la Iglesia, periodistas, amigos y amigas que estáis escuchando o leyendo este mensaje.

Despedidas y bienvenidas:

Recordar y honrar a aquellos hermanos nuestros en el episcopado que han ido a la casa del Padre:

Pedimos a Dios para ellos el premio reservado en el cielo a los buenos pastores que han apacentado con fidelidad y amor la Iglesia de Cristo.

Felicitamos a quienes se han incorporado durante los últimos meses a esta familia episcopal:

Obispos que han aceptado la responsabilidad de pastorear una nueva diócesis:

Damos la bienvenida a los administradores diocesanos:

Estamos en pleno año de San José, convocado por el papa Francisco con motivo del 150 aniversario de haber sido declarado san José patrono de la Iglesia universal. San José asumió en la tierra el puesto de Dios Padre en el cielo, y cuando el Señor confía una tarea da también las gracias necesarias para llevarla a cabo. A María le concedió un corazón inmaculado para poder ser la madre del Salvador y a José le dio un "corazón de Padre", la ternura, para cuidar a su hijo en el momento de mayor indefensión, cuando era niño, débil y pequeño. San José nos enseña que se puede amar sin poseer, sirviendo y respetando el misterio y el designio de Dios en cada persona. El Evangelio no ha conservado ninguna palabra de José. Su silencio es expresión de total disponibilidad, de escucha atenta y de obediencia a la voluntad de Dios. El papa Francisco lo presenta en su carta apostólica como "el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta" con el que todos nos podemos identificar? Paradójicamente, con frecuencia, el Señor se sirve de lo débil, de lo sencillo, de lo que no cuenta a los ojos de los hombres para hacernos ver que es Él quien actúa y dirige la historia.

La reunión de los obispos de esta semana tiene un perfil programático. Punto central de nuestra Asamblea Plenaria será la aprobación de las líneas de acción pastoral de la Conferencia Episcopal Española (CEE) para el quinquenio 2021-2025. Estudiaremos el documento titulado Fieles al envío misionero. Claves del contexto actual, marco eclesial y líneas de trabajo, que llevamos trabajando los últimos meses, y del que ya se presentó un borrador en la anterior Asamblea Plenaria, en noviembre del año pasado. Con este documento pretendemos responder al reto de la evangelización en la sociedad española actual y señalar las prioridades de la Conferencia Episcopal Española, de sus comisiones y servicios para los próximos cinco años.

Son tres los ejes principales que, en sintonía con el papa Francisco y con la Iglesia universal, vertebran y motivan estas líneas de acción: la conversión pastoral, el discernimiento y la sinodalidad. Nuestro objetivo es que la Iglesia en España, tanto en su presencia social como en su organización interna, en su misión y en su vida, se ponga en marcha hacia el Reino prometido, en salida misionera, en camino evangelizador.

Mis palabras en esta mañana no pueden sino recoger estas inquietudes para hacer partícipe de ellas al Pueblo de Dios y caminar juntos. Quisiera hacerlo siguiendo la respuesta que el Señor dio un día a aquel doctor de la ley que se le acercó para preguntarle: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Lc 10, 25). Las palabras del Señor nos invitan a ser una Iglesia samaritana que esté atenta a las necesidades de los demás. En esa tarea podremos constatar la presencia de Dios, establecer una relación con Él capaz de llenar de sentido y de vida nuestra existencia, y dar testimonio de ello a los demás. Son tres los pasos que el Señor nos pide:

2. "Al verlo se compadeció y acercándose le vendó las heridas" (Lc 10, 33-34). Ver y compartir el sufrimiento de la humanidad: la conversión pastoral

En la mirada a nuestra realidad lo primero que vemos es que ya llevamos más de un año de pandemia. La COVID-19, que suma cada vez más muertes y sigue constituyendo una amenaza para la salud de todos, nos ha obligado a vivir bajo el régimen del temor, de la incertidumbre, de la desconfianza, de la sospecha, que ha socavado el tejido vivo de la sociedad a todos los niveles. Ha alterado muchas costumbres y formas de vivir, ha afectado los hábitos de relacionarse las familias y los amigos e incluso ha modificado prácticas consolidadas de organizar el trabajo… Gracias a Dios, vemos ya en el horizonte signos de esperanza para salir de esta situación con las vacunas que se van distribuyendo cada vez a mayor parte de la población. Así como el virus no ha hecho diferencias y ha afectado a toda la humanidad, es de desear que también la vacuna sea un bien común que se distribuya a todos por igual y no sea una propiedad privada de unos pocos, sin hacer diferencias entre países ricos y países pobres.

El virus no lo podemos combatir aisladamente. Quizás sea la gran lección de esta situación. Logramos contener momentáneamente la transmisión del virus, con distancias personales, familiares, locales, autonómicas, nacionales… Pero solo si vamos todos a una, aceptando el diálogo y no el monólogo como vía para encontrar soluciones, podremos avanzar y salir de este bache.

Muchos creen que todo volverá a ser lo mismo cuando pase la pandemia. Y lo cierto es que no va a ser lo mismo, vamos a encontrar un mundo herido, afectado muy desigualmente por la pandemia y, sobre todo, por la crisis económica que ha provocado. Lamentablemente, la pandemia ha acentuado los efectos de la crisis económica del 2008 y ha sacado a la luz pública muchas de las heridas que no habían cicatrizado.

Existe un gran riesgo: querer pasar página lo antes posible y volver a la vida de antes como si no hubiera pasado nada. Es cierto que una parte importante de la población podrá volver a la situación de antes de la pandemia como si aparentemente no hubiera pasado nada. Pero no es menos cierto que una parte muy significativa de la población saldrá de esta crisis en una situación económica y social muy crítica.

En España, el paro ha aumentado y afecta a casi cuatro millones, además de los abultados ERTE, de incierto futuro. Pero los primeros en sufrir el parón de la economía han sido los 8,5 millones de personas que ya se encontraban en exclusión social antes de la pandemia; según el VIII Informe FOESSA, estas personas han visto agravada su situación. Como siempre, quienes sufren más las crisis son los más desfavorecidos, los que tienen menos oportunidades para acceder a los servicios básicos. Entre ellos, sobre todo, los refugiados, los migrantes en situación irregular, las víctimas de la trata de personas, que la pandemia ha invisibilizado.

En España existe un creciente y grave problema que se llama "desigualdad social". Este es un reto que tenemos que abordar para asegurar la dignidad de todos y la necesaria justicia social que es siempre garantía de paz social. No es momento para disputas inertes entre partidos políticos, no es tiempo para soluciones fáciles y populistas a problemas graves, no es el momento de defender intereses particulares. Ahora es el momento para la verdadera política, que sume a todas las partes y que trabaje para el bien común de toda la sociedad y el fortalecimiento y credibilidad de las instituciones en las que se asienta nuestro sistema democrático. Para ello serán necesarias reformas estructurales que superen el vaivén de intereses electorales cortoplacistas. La política existe para servir y ahora está llamada a servir más que nunca y a olvidarse de la consecución de intereses partidistas o su imposición ideológica aprovechando la crisis humanitaria y social que padecemos.

Por esto mismo la Iglesia va a orar intensamente por nuestros gobernantes y va a hacer todo lo que esté a su alcance para promover las reformas necesarias que, como bien sabemos, empiezan por cada uno de nosotros: no hay cambio social sin una previa conversión y transformación personal.

La Iglesia y cada uno de los católicos somos llamados a ejercer un liderazgo ético en el mundo de la economía, de la política y de nuestras relaciones particulares. Meditar Gaudete et exsultate puede ayudarnos a redescubrir la llamada a la santidad que hemos recibido todos los bautizados, un camino bellísimo de amor capaz de transformar el mundo.

La Iglesia, a través de Cáritas y de la amplia red capilar de instituciones y comunidades cristianas, está atenta a todas estas necesidades y está respondiendo, dentro de sus posibilidades, de la mejor forma posible. Como no puede ser de otra manera, está llevado a cabo un trabajo en red, en colaboración con otros grupos eclesiales, con entidades civiles y de la administración pública, incluso con organismos internacionales. Principalmente ha tratado de responder a las necesidades primarias, como la alimentación y medicación de muchas personas que se han quedado sin ingresos económicos, el pago de alquileres, recibos de la luz y del agua. Sin embargo, somos conscientes de que no nos podemos quedar en el asistencialismo de emergencia; la deuda social con los más desfavorecidos incluye su promoción como personas.

Para la Iglesia es acuciante también la denuncia que hace el mismo papa Francisco: "La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual" (Evangelii gaudium, n. 200). Todos necesitamos a Dios y no podemos dejar de ofrecerlo en esta situación de prueba y de dificultad. Dios no está lejos de los que sufren y de los que fallecen. Y la Iglesia tiene la misión de llevar esta presencia del Señor, que vino a cargar con nuestros dolores, a morir con nosotros para que nosotros resucitemos con Él.

Hemos de reconocer que la situación que estamos viviendo durante esta pandemia ha afectado significativamente a la pastoral habitual de la Iglesia en todos los sentidos, tanto en el ámbito parroquial como diocesano. Las restricciones han afectado la atención de las personas, que han visto reducidas ?cuando no suprimidas? sus actividades de formación, de catequesis, sus encuentros? Sentimos la urgencia, más que nunca, de estar atentos a las necesidades de las personas y de las comunidades, para elaborar propuestas de vida cristiana que permitan anunciar el Evangelio y vivir la fe en estas circunstancias tan especiales. Queremos agradecer las muchas iniciativas y los esfuerzos de los ministros ordenados, de los miembros de la vida consagrada y de los laicos por llegar a los hogares, a las habitaciones de residencias y hospitales de muchas personas que tienen limitada la movilidad o son personas de riesgo.

La Iglesia no es una empresa, ni un partido político, ni un grupo de presión social, ni un lobby de poder, ni se identifica con ninguna ideología de este mundo. Como nos recuerda el Concilio Vaticano II en Gaudium et spes (GS), n. 3:

No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Solo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad (Jn 18, 37), para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido (Mt 20, 28).

En efecto, como nos recuerda el papa Francisco en Fratelli tutti, n. 276:

La Iglesia no pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como un hogar entre los hogares, abierto (?) para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección. (?) La Iglesia es una casa con las puertas abiertas porque es madre. Y como María, la madre de Jesús, queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad (?) para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación.

Ante la tentación de algunos, que querrían apartar a la Iglesia del diálogo social, cultural y político, encuentro muy oportunas las palabras del Concilio Vaticano II (GS, n. 76):

La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas.

En este sentido, como señala el papa Francisco,

nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de santa Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe ?que nunca es cómoda e individualista? siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra (EG n. 183).

3. "¿Cuál te parece que ha sido el prójimo del que cayó en manos de los bandidos"? (Lc 10, 36). Comprender que somos prójimos y corresponsables unos de otros (la fraternidad universal): el discernimiento

La crisis del coronavirus es claramente un signo de nuestros tiempos que nos ha sobrepasado. Es necesario tratar de discernir esta situación, interpretarla a la luz del Evangelio, que nos revela su verdad más profunda. Discernir quiere decir poner la realidad bajo la mirada de Dios, que guía la historia y los destinos del mundo. Solo así esta amenaza global podrá convertirse, paradójicamente, en camino de salvación, en ocasión para construir una humanidad más fraterna y para repensar nuestra forma de vivir, purificarla y seguir caminando con mayor coraje.

El magisterio del papa Francisco nos ofrece algunas claves para que esta crisis pueda contribuir al nacimiento de una humanidad renovada.

El inicio de su pontificado supuso una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría e indicó nuevos caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años (cf. EG, n. 1). Posteriormente el papa ha ido explicitando en qué consiste esta nueva etapa mediante dos encíclicas de carácter social: Laudato si? y Fratelli tutti, que presentan toda la creación como nuestra casa común y a todos los que la habitamos como hermanos. Estamos en la misma aldea, y esto requiere un mínimo de "conciencia universal y preocupación por el cuidado mutuo" (FT, n. 117).

Este llamamiento a la fraternidad universal se ha vuelto más perentorio en esta crisis global que estamos atravesando. En la celebración de la primera Jornada de la fraternidad humana, el pasado 4 de febrero, el papa planteó una acuciante disyuntiva a la humanidad que definió como "el desafío de nuestro siglo", "el desafío de nuestros tiempos": "O somos hermanos, o nos destruimos mutuamente (?). O somos hermanos o se viene todo abajo".

Ante este futuro incierto y este mundo dividido, los católicos somos llamados a ejercer un liderazgo global y local en la cohesión social del mundo y de cada una de sus sociedades. La Iglesia, a diferencia de los países o de las grandes multinacionales no tiene otro interés que promover el bien común, la fraternidad universal y anunciar el Evangelio de Jesucristo. En efecto, como ya decía el Concilio Vaticano II, la Iglesia ofrece al género humano su sincera colaboración para lograr la fraternidad universal (cf. GS, n. 3). Los católicos podemos ser ese engranaje que sea capaz de decir no a los intereses particulares de unos pocos con el fin de caminar hacia una nueva época que respete la dignidad del ser humano, promueva el bien común, potencie la conciencia de fraternidad universal y desarrolle una ecología integral que respete la creación, empezando por el ser humano. Tal vez no todos seamos expertos en economía, pero sí que después de 2.000 años de historia y con la ayuda del Espíritu Santo somos expertos en trabajar por crear comunión y forjar comunidad. "Pon amor donde no hay amor y hallarás amor" (S. Juan de la Cruz).

A continuación, partiendo del magisterio del papa y de los sínodos de los obispos que ha convocado durante su pontificado, queremos ahora poner el foco de nuestra atención en las personas, particularmente en aquellas que se quedan al borde del camino a causa de esta pandemia: las familias necesitadas, los jóvenes, los ancianos, los migrantes? Queremos discernir los retos pastorales que tiene la Iglesia en España, porque no se puede anunciar el Evangelio sin ponerlo en práctica en el amor al prójimo, no se puede dar culto a Dios sin cuidar de las personas, como nos enseña la parábola del Buen Samaritano.

1.-La propuesta de una "fraternidad universal" comienza a vivirse en concreto desde la "fraternidad familiar". La primera gran iniciativa pastoral del papa Francisco fueron los dos Sínodos sobre la familia de 2014 y 2015 para "comprender la importancia de la institución de la familia y del matrimonio entre un hombre y una mujer, fundado sobre la unidad y la indisolubilidad, y apreciarla como la base fundamental de la sociedad y de la vida humana". Ambos sínodos concluyeron con la exhortación postsinodal Amoris laetitia. A los 5 años de su publicación, el papa Francisco nos ha propuesto celebrar un año especial "Familia Amoris laetitia", que comenzó el pasado 19 de marzo y concluirá el 26 de junio de 2022 con el X Encuentro mundial de las familias en Roma. En este tiempo también nosotros queremos redescubrir la riqueza de esta exhortación apostólica y dar protagonismo a las familias en la acción pastoral de la Iglesia. Durante la pandemia hemos podido comprobar una vez más su importancia por la ayuda mutua entre sus miembros y también como "Iglesia doméstica", donde se alimenta y celebra la fe cuando no se puede ir a la parroquia y participar en las celebraciones.

2.-El papa Francisco ha instituido la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que celebraremos por primera vez en 2021, el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús. Desde el principio de su ministerio petrino, el papa ha manifestado una especial preocupación por los ancianos y ha denunciado muchas veces su exclusión de la sociedad: "Un pueblo que no custodia a los abuelos, un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria".

La Pontificia Academia para la Vida acaba de publicar el documento: La vejez: nuestro futuro. La condición de los ancianos después de la pandemia (2 de febrero de 2021). Esta institución propone un nuevo paradigma para la atención a los mayores basado en un continuum socio-sanitario entre el propio hogar y los servicios externos que puedan ir necesitando.

En este contexto, no deja de sorprender la ley de regulación de la eutanasia, recientemente aprobada en España. Ha supuesto un fuerte contraste con la sensibilidad social por el cuidado de las personas mayores y enfermas. Ante el sufrimiento que derriba a las personas, desde la Conferencia Episcopal Española apostamos por una cura integral de las personas que trabaje todas sus dimensiones: corporal, espiritual, relacional y psicológica. No dejaremos nunca de repetir que no hay enfermos "incuidables" aunque sean incurables.

Los gobernantes deben destinar los recursos necesarios para asegurar unos dignos cuidados paliativos que garanticen el control adecuado del dolor a todos los que los necesiten. Asimismo, estos recursos deberían permitir a todas las personas dependientes acceder a las ayudas económicas que les corresponden. En estos momentos, esto sí es una prioridad.

3.-A los jóvenes el papa Francisco les dedicó un Sínodo (2018) y una exhortación apostólica (Christus vivit, 2019). El papa ha invitado a los jóvenes a que no se dejen robar la esperanza, que se sientan parte de la Creación, que reconozcan el regalo de la vida y que tengan el coraje de elegir lo que Dios ha soñado para ellos desde la eternidad. Sin embargo, no se puede negar que los jóvenes no lo tienen fácil. Están sufriendo más duramente los efectos de la pandemia con un índice de paro juvenil que ronda el 40% en nuestro país, con cursos académicos en circunstancias especiales que seguramente influirán desigualmente en su aprovechamiento. Por otra parte, los confinamientos se hacen más insoportables para ellos. Los jóvenes necesitan espacios para el encuentro, para salir, hacer deporte? La amistad, el amor y el compañerismo, que para todos son importantes, para ellos son primordiales. Si los jóvenes ya eran un auténtico reto pastoral para la Iglesia, en estas circunstancias tenemos que hacer un esfuerzo de mayor creatividad y cercanía para acompañarlos humana y espiritualmente.

4.-Los migrantes han sido una preocupación constante del papa Francisco. El mismo papa se puso inicialmente al frente de la Sección de Migrantes y Refugiados del nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que se ocupa de esta dura realidad en nuestros días. Es una labor delicada que requiere la cooperación entre los Estados y trabajar en origen para identificar y atajar las causas que provocan las migraciones forzadas. En los países de Europa la Iglesia se ha comprometido, con los medios a su alcance, a acoger, a proteger y a integrar a las personas migrantes, refugiadas y desplazadas. Para ello, está en contacto y en colaboración con las diócesis de los países de origen de los migrantes, con las del Norte de África y del Oriente Medio. Nuestro país, en la frontera sur de Europa, vive especialmente esta situación, y últimamente los obispos de Canarias, ante el abandono de los migrantes que llegan sin cesar al archipiélago, han llamado la atención de la sociedad para que no vivamos anestesiados ante el dolor ajeno y tomemos conciencia de la situación de vulnerabilidad que viven estas personas, y, en la medida de lo posible, nos comprometamos para que reciban la atención que merecen.

5.-El papa nos urge a promover una ecología integral al servicio del bien común y de las personas. El ser humano no se puede colocar en el centro como dueño absoluto de todas las cosas y explotar el mundo a su antojo mediante la ciencia y la técnica. La "Economía de Francisco", un movimiento de jóvenes economistas, aplicando los principios propuestos por el papa Francisco, trabaja para lograr una gestión de la aldea global más justa, inclusiva y sostenible, para dar alma a la economía del mañana. En este sentido ha surgido Inclusive capitalism, otra iniciativa del papa Francisco que promueve un capitalismo al servicio de las personas, al que ya se han sumado algunas grandes multinacionales que agrupan a más de 200 millones de trabajadores, con presencia en más de 163 países.

La creatividad en el ámbito de la ecología integral y de la promoción de una economía más humana podrían ayudar a hacer frente a la despoblación rural, al envejecimiento de la población, la dispersión y la emigración a la ciudad que afecta al medio rural. En España casi la mitad de las parroquias son rurales, lo cual demuestra la presencia histórica de la Iglesia en toda la geografía española y el rico patrimonio cultural que ha generado. Sin embargo, paradójicamente, actualmente es un reto importante mantener esas parroquias vivas y activas, y organizar la atención pastoral.

4. "Ve y haz tú lo mismo" (Lc 10, 37). Reflejar el amor de Dios: una Iglesia sinodal

Finalmente, lo que vemos y discernimos, nos compromete. ¿Qué puede hacer la Iglesia? ¿Cómo tiene que organizarse ante esta crisis global, también religiosa, que ha acentuado el coronavirus y cuya solución requiere un plus de fraternidad universal y de amistad social? La Iglesia siempre se renueva convirtiéndose en lo que es, en lo que está llamada a ser desde el principio. La vocación de la Iglesia es ser sacramento de la unidad del género humano en camino hacia Dios (cf. LG, n. 1), para lo cual tiene como origen y como fin la propia comunión divina de la Trinidad.

Por eso, el papa dice que la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia en el tercer milenio. Sinodalidad significa comunión en todas las direcciones: de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, poniendo en movimiento a todo el Pueblo de Dios, sobre todo a los laicos.

La sinodalidad nos habla de la comunión de las Iglesias entre sí y de la comunión dentro de las Iglesias, de la escucha mutua de pastores y fieles cristianos, todos partícipes del Espíritu. La sinodalidad no es un acto puntual, sino un modo de hacer dentro de la Iglesia, atenta a la voz del Espíritu. La efusión del Espíritu hace que el Pueblo de Dios no se equivoque cuando en comunidad cree y discierne la voluntad de Dios.

Una Iglesia sinodal es aquella en la que la configuración eclesial, las estructuras y las responsabilidades están en función de la tarea misionera. Soñamos con "una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación" (EG, n. 27).

Tenemos en el horizonte la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en octubre de 2022 con el tema "Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión", y que ya nos disponemos a preparar no solo con reflexiones y estudios teóricos, sino también con su puesta en práctica.

En España, el camino hacia una Iglesia más sinodal y evangelizadora pasa, entre otras, por las medidas y acciones siguientes:

1.-Renovación de las estructuras de la Conferencia Episcopal Española. Después de 50 años desde su puesta en marcha, la Conferencia ha culminado la renovación de sus Estatutos en 2019, que en muchos aspectos están aún ad experimentum. En estos próximos cinco años tendremos que ir revisando y haciendo los ajustes necesarios para poner en marcha esta nueva estructura. Algunos de los criterios para esta reforma estatutaria han sido: la promoción de una mayor representación territorial, el aumento de la agilidad y de la eficacia, la reducción del número de comisiones y una mayor colaboración entre los diversos organismos de la Conferencia Episcopal Española.

2.-Promoción de la participación de los laicos. En el mes de febrero de 2020 tuvo lugar el Congreso de Laicos, "Pueblo de Dios en salida", con el objetivo de generar y dinamizar procesos de edificación de una iglesia sinodal y para impulsar el compromiso de los laicos, de los movimientos y de las asociaciones. La pandemia ha dificultado el ritmo de implementación del poscongreso. Sin embargo, esta es una línea irrenunciable de futuro en los planes de la Conferencia Episcopal Española que vamos a seguir desarrollando en los próximos años. Todos, ministros ordenados, vida consagrada y laicos, por haber recibido los sacramentos de la iniciación cristiana, somos discípulos misioneros, en comunión y corresponsabilidad. Caminamos juntos impulsados por el Espíritu y entre todos construimos el reino de Dios.

3.- Hace doce años que los diferentes movimientos de la Acción Católica (Junior, Jóvenes y Adultos) se unificaron en una única Acción Católica General (ACG). Se inició así un proceso de elaboración y de estructuración de esa nueva propuesta para todos los laicos de parroquias que no están asociados. Este nuevo impulso de la Acción Católica General responde a la necesidad de formación y de creación de pequeñas comunidades que sigan un itinerario de vida en la fe. El proyecto pastoral de la Acción Católica General para este año 2021 lleva por lema "Ven y verás", y acentúa, sobre todo, el encuentro personal con Jesús en la vida cotidiana para transformar el mundo según el mensaje del Evangelio.

4.-En el pasado mes de junio de 2020 se presentó el nuevo Directorio para la catequesis, elaborado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Esta tercera edición del Directorio para la catequesis solicitado por el Concilio Vaticano II responde a los desafíos y a los cambios del nuevo milenio. Ya no vivimos en una cultura inspirada en la fe, lo cual hace que a veces el lenguaje del Evangelio quede distante y no sea fácil de comprender. Por otra parte, sin una experiencia del misterio ni una aceptación de la fe, los valores, ideales y normas morales quedan en el aire y se vuelven simples obligaciones difíciles de aceptar y de cumplir. Por eso, el Directorio pretende insertar la actividad catequística dentro del proceso de nueva evangelización, como profundización y explicitación del primer anuncio, teniendo muy en cuenta la realidad juvenil, la cultura digital, las personas con discapacidad, la piedad popular… Su puesta en práctica será un reto importante para los próximos cinco años que exigirá ser muy creativos en los medios y en las modalidades.

5.-A lo largo del curso anterior (el 28 de noviembre de 2019) recibimos la aprobación de la Ratio nationalisFormar pastores misioneros, para adecuar la formación en nuestros seminarios a las directrices que marcó la Congregación para el Clero con la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis. El don de la vocación presbiteral (2016). Algunas novedades e insistencias de esta Ratio nationalis son: la necesidad de una pastoral vocacional capilar; la implantación del curso propedéutico con carácter general; la integralidad y unidad de la formación en un único camino discipular y misionero que incluya todas las dimensiones de la persona y las etapas de la vida; y la formación permanente. En este cambio de época, es necesario que el sacerdote sea profundamente humano y experto en humanidad para poder ser un fiel servidor de Cristo en los hermanos y prevenir en la formación todo tipo de clericalismo y de futuros abusos ya sean sexuales, de conciencia o de poder. El compromiso de la Iglesia en este punto es incuestionable con las nuevas normas de imputabilidad y la progresiva creación de Oficinas para la Protección de menores en todas las diócesis. Para el desarrollo de la pastoral vocacional, uno de los proyectos de estos años será la creación de un Centro nacional de Vocaciones, como prevé la misma Ratio nationalis.

6.-La sinodalidad de la Iglesia es un llamamiento a entrar en diálogo con todos, un diálogo que renueva constantemente la Iglesia. Por eso, sin renunciar a su identidad y a sus convicciones religiosas, el Pueblo de Dios que peregrina por este mundo se une a todos los hombres de buena voluntad para lograr un modelo de sociedad justa e inclusiva, atenta al grito de los más vulnerables. Este vínculo es más cercano aún si cabe con los creyentes de otras religiones que, en la medida en que reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres, son servidores de la fraternidad en el mundo. El anhelo de Dios sigue latiendo en lo más hondo de la persona humana y sigue despertando los mejores sentimientos y propósitos. El culto sincero a Dios lleva al respeto de la vida y de la dignidad de la persona, y conduce a la renuncia a todo tipo de violencia que atente contra su libertad (cf. Fratelli tutti, nn. 271ss). Sin duda, la unidad de todos los bautizados en Cristo es una responsabilidad directa de los obispos, que no podemos posponer (Vademécum ecuménico, El obispo y la unidad de los cristianos, 2020). Por eso, uno de los objetivos para estos años es, sin duda, continuar promoviendo la reconstrucción de la unidad entre todos los cristianos, así como cultivar la relación con las religiones no cristianas, desde el respeto a la libertad religiosa como derecho fundado en la dignidad misma de la persona humana. La Iglesia cree en "la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio" [Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, Abu Dabi (4 febrero de 2019)].

7.-El diálogo también es el espacio de la misión, donde encontrar a los que no conocen el Evangelio o no han oído hablar de Jesús. En el fondo de cada persona "se esconde un sentido profundo de la existencia que suele entrañar también un hondo sentido religioso" (EG, n. 72). Para que la Palabra siga siendo germen de vida nueva, sal y luz del mundo, se requiere que en las comunidades cristianas se adopte una decidida opción misionera, para hacernos encontradizos y entrar en diálogo con todos, tal como lo hizo Jesús con la Samaritana (cf. Jn 4, 1-45). A pesar de la situación en que nos encontramos es necesario, por tanto, que la parroquia sea un "lugar" que favorezca el "estar juntos" y el crecimiento de relaciones personales duraderas, que permitan a cada uno percibir el sentido de pertenencia y ser amado (Congregación para el Clero, La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora, 20 de junio de 2020).

Durante su vida oculta Jesús estuvo bajo la autoridad de José. Por eso, la piedad cristiana insiste en su valiosa intercesión y confía en que quien le obedeció en la tierra no dejará de escucharle en el cielo. Santa Teresa de Jesús decía: "No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer" (Libro de su vida VI, 6). El papa Francisco nos propone a san José en la carta apostólica Patris corde como "un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad". Confiando en que su poder es tan grande como la bondad de su "corazón de Padre", a él, que es el abogado de la buena muerte, patrono de los obreros, modelo de paternidad, le pedimos, en estos momentos de tristeza y aflicción, por el fin de la pandemia y por los que se ven afectados más directamente por ella: por los fallecidos y sus familiares, los enfermos, los sanitarios, los que han perdido el trabajo, los padres que sufren por llevar adelante a sus familias? También ponemos al amparo de la intercesión de san José, que es custodio y protector de la Iglesia, nuestros proyectos para estos próximos años, especialmente los seminarios, para que tengamos muchos y santos sacerdotes.

+ Juan José Omella Omella

Cardenal Arzobispo de Barcelona

Presidente de la Conferencia Episcopal Española

Eminentísimo Señor Cardenal Presidente,

Eminentísimos Señores Cardenales,

Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,

Señoras y Señores:

Agradecido a la invitación presentada, con mucho gusto vengo a acompañarles al inicio de la ciento diez y siete Asamblea Plenaria, correspondiendo, con mi presencia, a éste gesto de comunión con el Santo Padre, al que tengo el honor de representar en España. A todos, les trasmito su saludo cordial y su bendición al iniciar esta reunión que se desarrolla a lo largo de esta semana.

En la actividad reciente del Santo Padre, como quedará en la memoria de todos, destaca la realización de su deseado viaje a Irak, "como peregrino de paz, en nombre de Cristo, Príncipe de la Paz". El Papa, se ha dirigido al lugar de donde salió Abrahán que "caminó en la Tierra con la mirada dirigida al Cielo"; actitud de la que se desprende el lema del ya histórico viaje: "Vosotros sois todos hermanos". Acogido por el Presidente y el Gobierno de Irak, los Patriarcas y Obispos, junto a todos los ministros y los fieles de las respectivas Iglesias, mantuvo un "encuentro inolvidable" con el Gran Ayatolá Al-Sistani. El Papa, sintiendo la tribulación de la Iglesia que allí peregrina, y el sufrimiento también de las gentes de buena voluntad, iba dispuesto en su corazón a fortalecer y despertar en los cristianos la magnanimidad. De su viaje programático, queda claro que "hacer una cultura de hermanos" abandonando la "lógica de Caín con la guerra", es un don de Dios que tiene el poder de vencer los males, haciendo brotar "la salud de la misma herida" ? como vemos a la luz de la Pascua ? bálsamo capaz de curar a la humanidad, y de sanar las memorias dolorosas, inspirando un futuro de paz y fraternidad. Ésta es posible tal como encontró el Papa en las palabras y gestos de tantos iraquís que mostraron, con la bondad de su acogida, la ilusionada esperanza y unión en el mismo anhelo.

Esta "mirada dirigida al Cielo", podemos verla ya dentro, entre nosotros, en primer lugar, en el estudio de las "Líneas de acción pastoral de la Conferencia Episcopal para el quinquenio 2021-2025: "Fieles al envío misionero", pues, ciertamente, la conversión pastoral, personal e institucional pretendida, tiene su causa en esta dimensión trascendente a la que nos dirige la fe en Cristo Resucitado, fomentando la colaboración y sinodalidad del pueblo de Dios. Esta, no puede devenir por su esencia en la creación de una nueva estructura.

La sinodalidad, junto a la comunión y colegialidad, se entiende como "la común dignidad y misión de todos los bautizados en el ejercicio de la multiforme y ordenada riqueza de sus carismas, de su vocación, de sus ministerios", por eso cabe destacar otro de los puntos que han de tratar, la Institución de laicos acólitos y lectores, con carácter estable, en virtud del "Motu Proprio" Spiritus Domini, del pasado 10 de enero, el cual, al modificar el canon 230 §1 del Código de Derecho Canónico, amplia el acceso de las personas de sexo femenino.

El nuevo Motu proprio del Papa Francisco separa de raíz la cuestión del acceso de la mujer al sacramento del Orden, remitiéndose a la cuestión doctrinal zanjada en sentido negativo por san Juan Pablo II (Carta Apostólica "Ordinatio sacerdotalis", 22 de mayo de 1994). Asimismo, en continuidad con el precedente motu proprio "Ministeria quaedam" (17 agosto de 1972) de san Pablo VI, recupera en la Iglesia los ministerios litúrgicos laicales estables, derivados de la gracia y exigencias del Bautismo, y no del sacramento del Orden.

Preservado el tema de todo sensacionalismo mediático, quedando claro que no se trata de una "clericalización" del laicado cristiano, que tiene como objetivo central y primario el "edificar todo en Cristo", la santificación de las realidades temporales, y no solo dignificar el culto público.

El nuevo Motu proprio trata de Fomentar entre hombres y mujeres cristianos un estilo de vida cristiana "ministerial". La aplicación del motu proprio del Papa Francisco ha de ser oportunidad para trabajar por el sentido "ministerial" de toda la vida cristiana. Servicios y ministerios laicales son reflejos de un modo de entender la vida cristiana, y la vida cristiana laica, en particular, como un ponerse a disposición de la Iglesia, con los propios dones y carismas, para ayudar a que ésta pueda cumplir su misión.

Ministerialidad nos habla de Iglesia de participación y corresponsabilidad, en la que todos están comprometidos, para que "todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad" (1Tm 2,4). Para no desnaturalizar su sentido, queda claro que se trata de una encomienda eclesial, no un derecho personal ni un beneficio que pueda exigirse conforme al gusto o inclinación, sino el fruto de una necesidad pastoral, atendiendo a la cual, la Iglesia ha de llamar y preparar: "Corresponderá a las Conferencias Episcopales establecer criterios adecuados para el discernimiento y la preparación", ha escrito el Santo Padre al Emmo. Sr. Cardenal Prefecto de la Congragación para la Doctrina de la Fe (10 enero de 2021).

También deseo señalar el trabajo bien realizado por parte de todos ustedes que, segundado los deseos del Santo Padre, prestaron enseguida atención y dieron presto cauce institucional, a nivel Diocesano, en materia de abusos de menores. Desde la experiencia adquirida, que pide afrontar el problema juntos, también con la participación de los Institutos de Vida consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, la presente Asamblea estudiará la necesaria "puesta en marcha de un servicio de coordinación de las oficinas para la protección de menores" por parte de esta Instancia de la Conferencia Episcopal. Nadie puede interpretar falta de trasparencia o negativa a secundar los que el Papa pide al respecto. Los animo pues a la necesaria colaboración en este doloroso tema sobre el que, desde la Secretaría General, se ha manifestado justamente, hace pocos días, S.E. Monseñor Luis Arguello ante la opinión pública. Con el espíritu de colaboración y honestidad bien expresado, nadie puede poner en duda la credibilidad de la Iglesia en sus declaraciones y actividades.

Otro punto en el que les aliento por su enorme importancia para la misión de la Iglesia en el mundo y para el bien común de toda la sociedad, es el estudio del "Estado de la cuestión de la aplicación de la LOMLOE y las posibles vías de negociación de la enseñanza religiosa escolar en las comunidades autónomas". Sobre el tema de la educación, esta Conferencia Episcopal se ha referido con mucha frecuencia en las últimas décadas aportando al entendimiento del bien común. Como hicieron en la Nota de la Conferencia Episcopal para la Educación y Cultura (17 junio 2020), es muy cierto que importa resaltar el derecho educativo de los padres y la importancia del contexto sociocultural del individuo, al que la escuela ha de introducir, como método adecuado, "para poder luego actuar con libertad". Mis mejores votos por un bien deseado esfuerzo de diálogo y de colaboración leal entre todos.

Por último, ya que en mi persona coincide la nacionalidad filipina con mi condición de Nuncio Apostólico en España, es para mí una gran satisfacción, y doble, evocar en este momento el concurso del Quinto centenario de la Evangelización de mi país, Filipinas, con la llegada de la expedición de Don Fernando de Magallanes el 16 de marzo de 1521. La primera Misa fue el 31 de marzo, domingo de Pascua en aquel año, y los primeros bautismos el día 14 de abril de 1521. Fue por medio de España, cuya actuación es presentada por historiadores acreditados como "modelo de entendimiento, elevación y fusión de los pueblos", como la Fe llegó a Filipinas.

Recordando aquel importante momento en el que el Papa San Juan Pablo II, dirigiéndose a Santo Domingo y Puerto Rico, quiso hacer intencionada escala descendiendo a Zaragoza el 10 de octubre de 1984, y expresó: "he querido venir personalmente para agradecer a la Iglesia en España la ingente labor de evangelización que ha llevado a cabo en todo el mundo, y muy especialmente en el continente americano y Filipinas", les digo ahora con profunda satisfacción: ¡Gracias a la Iglesia que peregrina en España!

En estas circunstancias por la pandemia no han podido desarrollarse lucidos actos a gran nivel institucional. Los ha habido a nivel más particular que agradezco también sentidamente. He acudido algunos como no puedo por menos. El evento, con los prudentes limites sanitarios impuestos, sí que ha sido acogido con calor por el Santo Padre el Papa Francisco, que ya en su viaje memorable a Filipinas, en enero de 2015, yo estaba allí presente, incentivó la preparación al Centenario.

Este año lo ha acogido en la Basílica de San Pedro, el pasado 14 de marzo en una representación a la que ha animado en el impulso misionero. Me satisface escuchar del Santo Padre estas palabras: "han pasado quinientos años desde que el anuncio cristiano llegó por primera vez a Filipinas. Habéis recibido la alegría del Evangelio: ?y esta alegría se ve en vuestro pueblo, se puede ver en vuestros ojos, en vuestros rostros, en vuestros cantos y en vuestras oraciones. La alegría con las que ustedes llevan su fe a otras tierras. ¡Muchas veces he dicho que aquí en Roma las mujeres filipinas son "contrabandistas" de fe! Porque a donde van a trabajar, trabajan, pero también siembran la fe. Ésta es? una enfermedad hereditaria, pero ¡una dichosa enfermedad! ¡Consérvenla!"

Efectivamente, la fe cristiana es la herencia más grande, más profunda y más duradera de los más de tres siglos de presencia española en las Filipinas, por la cual estamos profundamente agradecidos a los misioneros que nos anunciaron el Evangelio a través de los siglos. Por eso, ser filipino y Legado del Romano Pontífice en España, en donde todo empezó, es para mí, como en el caso de la Expedición de Magallanes y Elcano, un testimonio y prueba de que la fe también ha dado la vuelta al mundo. Por eso, nosotros filipinos celebramos este V Centenario de Evangelización bajo el lema Gifted to Give, inspirado por el Evangelio de San Mateo 10,8: "gratis habéis recibido, dad gratis", con el doble objetivo de nueva evangelización y de empuje a la evangelización. Como el Santo Padre nos exhorta a los filipinos, "Lleven la fe, ese anuncio que ustedes recibieron hace 500 años, y que ahora traen".

La proeza de Magallanes, y de otros navegadores del siglo de oro, fueron viajes generadores de una verdadera globalización, haciendo posible el encuentro de los mundos y de los pueblos con sus propias identidades, forjando nuevas culturas y maneras de pensar que abren nuevos horizontes a la humanidad. Inmensas partes del mundo entre sí desconocidas, entraron en contacto y entraron en comunicación. La globalización no es de hoy, y la Iglesia jamás ha temido y no teme la globalización; la Iglesia es globalizadora, porque es universal, porque la alegría del Evangelio es para todos, porque somos "Fratelli tutti", somos todos hermanos.

Al manifestarles mi disponibilidad en el servicio a la Iglesia en esta querida Nación, soy consciente de los destinos de la Providencia que ahora me tiene aquí al servicio del Santo Padre. El sucesor de Pedro es el garante de la unidad y la comunión en la Iglesia. Al Santo Niño de Cebú y a su Madre Inmaculada, confío los trabajos que ahora ustedes emprenden.

Muchas gracias.

Temas de estudio e informaciones de las comisiones

La Asamblea Plenaria estudiará las líneas de acción pastoral de la Conferencia Episcopal para el quinquenio 2021-2025. La Comisión Episcopal para los Laicos, la Familia y la Vida presentará un informe acerca de la eutanasia y el testamento vital y la propuesta de una nueva redacción de testamento vital.

También informará sobre el Año "Familia Amoris Laetitia" (19 de marzo de 2021-26 de junio de 2022) convocado por el papa Francisco en el 5º aniversario de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia y sobre la consulta acerca de la "Pastoral de Mayores", a instancias de Roma.

La Comisión Episcopal para la Liturgia presentará para su posible aprobación el ritual de exequias; el Misal y el Leccionario para las misas de la Bienaventurada Virgen María; y la traducción de los textos Litúrgicos de la Memoria libre de la Bienaventurada Virgen María Loreto.

La Comisión Episcopal para la Educación y Cultura informará sobre los trabajos realizados en diversos ámbitos en relación a la nueva ley educativa. Como es habitual en la primera Plenaria del año, se aprobarán las intenciones de la Conferencia Episcopal Española del año 2022 por las que reza el Apostolado de Oración-Red Mundial de Oración del Papa.

(Conferencia Episcopal Española)

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