El Seminario, lugar de discernimiento y maduración de la respuesta vocacional

El Seminario, lugar de discernimiento y maduración de la respuesta vocacional

Agencia SIC

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Mons. Gerardo Melgar Teniendo en cuenta que el curso ya ha terminado y que muchos padres, tal vez, están pensando a qué centro escolar llevar a sus hijos el próximo curso, y conscientes de que el verano es un buen tiempo de reflexión para los jóvenes sobre su vocación, para descubrir lo que quieren hacer con su vida y conocer el camino por el que Dios les puede estar llamando para responderle con generosidad; quiero aprovechar am­bas circunstancias para recordar que el Seminario es un centro en el que se forman jóvenes humana, cristiana y vocacionalmente y un lugar privi­legiado para descubrir el camino por el que Dios puede estar llamando a cada joven.

or otra parte, quiero ayudar a tomar conciencia de la necesidad de vocaciones sacerdotales que tenemos en toda la Iglesia, en nuestra Dióce­sis, y que, por lo mismo, todos debe­mos poner nuestro granito de arena para promover y animar las vocacio­nes al sacerdocio.

Es verdad que la realidad de las vocaciones sacerdotales depende principalmente de Dios. Él es el que llama, como nos dice Jesús: "No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fru­to, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé" (Jn 15, 16). Pero la respuesta a su elección y llamada, la tenemos que dar cada uno, porque Él llama, pero no fuerza a nadie a responderle.

Estamos seguros de que el Señor sigue llamando hoy también. Lo que faltan son respuestas generosas a esas llamadas del Señor.

La respuesta vocacional a la lla­mada de Dios no es solo cuestión de los jóvenes, aunque gran parte de­penda de ellos. Los jóvenes necesitan de todos los demás para descubrir la vocación y para responder positiva­mente a la llamada divina.

Necesita de la familia: los sacerdo­tes no nacen por generación espontá­nea. Nacen en las familias cristianas.

La familia es el semillero, el pri­mer seminario, en el que germina la vocación, que va a necesitar cuidado y mimo por parte de ella para poder germinar de verdad en el corazón del adolescente y del joven. El adolescen­te y joven necesita el apoyo, el ánimo y la ilusión de los padres que conside­ran realmente que tener un hijo con vocación sacerdotal no es una desgra­cia, sino un don y gran regalo de Dios, y desde ahí apoyan y animan al hijo.

El joven necesita también del tes­timonio sacerdotal, alegre y conven­cido de los que somos sacerdotes, que viendo nuestra manera de vi­vir, nuestro testimonio de vida, este, martillee como una constante el co­razón del adolescente y del joven y le haga preguntarse: ¿Por qué yo no puedo ser como esta persona que es una persona entregada, que vive su vida sacerdotal con alegría y encuen­tra en su vocación el camino para ser realmente feliz?

Necesita de una comunidad cris­tiana que valore la vocación sacer­dotal y lo que el sacerdote hace en ella. Una comunidad cristiana que arropa, perdona y disculpa los fallos humanos del sacerdote.

El Seminario Menor es una institu­ción eclesial al servicio del crecimien­to humano, espiritual y del discer­nimient o vocacional. En él, el adolescen­te y el jo­ven van a encontrar una buena formación inte­lectual, con un excelente claustro de profesores y con una enseñanza muy personalizada. La convivencia diaria ayudará al joven a cultivar y crecer en las virtudes humanas. La vida es­piritual alimentada por el encuentro diario con el Señor en la Palabra y en la Eucaristía le irá ayudando a lograr una verdadera maduración cristiana y a tener, poco a poco, a Dios como el centro de su vida.

El Seminario ayuda a los chicos a hacer un discernimiento vocacional serio, sin presión ninguna y ofrecién­doles los elementos necesarios para hacer dicho planteamiento y discer­nimiento vocacional.

Desde aquí os pido a todos: pa­dres, sacerdotes, comunidad cristia­na, que cumplamos con la misión que nos corresponde, cada uno en su propia situación y animemos a ado­lescentes y jóvenes a que vengan al Seminario y aprovechen todas estas oportunidades que este les brinda.

En cuanto a vosotros jóvenes, no tengáis miedo, si buscáis algo que llene más plenamente vuestra vida y vuestro corazón, ¡venid!, el Semi­nario tiene las puertas abiertas para vosotros, para ayudaros a que hagáis un buen discernimiento vocacional y descubráis cuál es el camino a seguir por el que el Señor os llama.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

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