No pongamos resistencia a su primera venida
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Mons. Braulio Rodríguez La liturgia de la Iglesia cambia de intensidad. Comenzamos el tiempo fuerte de prepararnos a la venida de Jesucristo. Sí, en efecto, Cristo va a venir. En realidad, el Verbo de Dios, hecho hombre, nos ha visitado en su primera venida con su nacimiento en la verdad de nuestra carne, pero en un segundo y definitivo adviento (=venida) volverá para juzgarnos. Esta es nuestra fe y nos viene bien orar esta verdad en el Año de la Fe. Quien ama al Señor no puede por menos que esperarle lleno de gozo en esta segunda venida.
Pero, entre ambas venidas, Dios está también en medio de nosotros, en medio del mundo y de la historia y continúa saliendo a nuestro encuentro en los acontecimientos de la vida ordinaria, mostrándose de mil modos. Por eso se nos exhorta a que no pongamos resistencia a la primera venida de Cristo. Es un dato de nuestra fe tanto que vino la primera vez como que vendrá de nuevo. En su primera venida, tras la primera Navidad, pronunció Jesús estas palabras que leemos en el Evangelio: "Después de esto veréis al Hijo del Hombre venir sobre las nubes". ¿Qué significan estas palabras sino que más tarde había de venir el Señor? Así lo creemos y, en ese momento todos los pueblos de la tierra prorrumpirán en llanto.
¿Qué debe hacer, por tanto, el cristiano? San Agustín se hace esta pregunta en el comentario al Salmo 95. Y responde sin titubear: "Servirse de este mundo, no servirlo a él". Jesús vino primero en la persona de sus predicadores, y llenó el orbe de la tierra, una vez que Él murió y resucitó. Exhorta entonces el santo obispo de Hipona: "No pongamos resistencia a su primera venida, y no temeremos la segunda". ¡Qué sabia recomendación! Este año de la Fe, os invito a preparar mejor la conmemoración del nacimiento de Cristo en la Navidad. Es una ocasión propicia para aprender a esperar la segunda venida de Cristo. El que se ve libre de preocupaciones espera seguro la venida de su Señor. En caso contrario, ¿qué clase de amor a Cristo es el de aquel que teme su venida? Decimos que lo amamos y, sin embargo, tememos su venida. ¿No será más bien que amamos nuestros pecados más que a Jesús?
En cualquier caso, Él vendrá, lo queramos o no; el hecho de que no venga ahora o que no sepamos el día ni la hora, no significa que no haya de venir más tarde. Vendrá, y no sabemos cuándo; pero, si nos halla preparados, en nada nos perjudica esta ignorancia. Lo mejor, así, es que nos preparemos con obras de misericordia y de amor hacia aquellos que sufren y en los que está Cristo. ¿Recordáis las palabras de Jesús?: "Venid, vosotros benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros? porque tuve hambre y me distéis de comer; tuve sed, y me distéis de beber?".
Enseña el Papa Benedicto XVI: "Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados? Amor a Dios y amor al prójimo se fundan entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios (Deus Caritas est, 15). Si preparamos así la Navidad, es seguro que gozaremos de alegría profunda y de la paz que trajo Jesucristo. Merecerá la pena vivir la entrañable fiesta del Nacimiento de Cristo, aunque estemos en grandes dificultades, porque no necesitaremos de tantas cosas para alegrarnos.
+Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo
Primado de España





