"Dos síes y un no": La carta pastoral del presidente de la Conferencia Episcopal y Arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, para la Cuaresma
El prelado reflexiona sobre la Cuaresma, sobre el periodo de preparación de 40 días que precede a la Semana Santa y las oportunidades que nos ofrece de reafirmarnos en dos síes y en un no

Luis Javier Argüello García
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Dos síes y un no, para renovar la vida cristiana y prepararla para el punto culminante de la Pascua, "donde actualizaremos nuestro Bautismo, nuestra condición de hijos de Dios, nuestra pertenencia a la Iglesia como cuerpo de Cristo. Renovaremos esa unción del Espíritu Santo que nos encomienda la misma misión de Jesús de anunciar el Evangelio y sembrar en la historia signos del reino que en Cristo resucitado ha dado ya comienzo", empieza en su carta pastoral Argüello. Como cada quincena, el Arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, ofrece una reflexión en forma de Carta Pastoral. En este caso, el comienzo de la Cuaresma es el acontecimiento en el que se centra el obispo.
"Este tiempo de Cuaresma nos da la oportunidad de decir con nuestra vida dos síes y un no. Ya desde el Miércoles de Ceniza, recordando las palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña, la Iglesia nos propone las prácticas penitenciales de la oración, el ayuno y la limosna." El sí a la oración es el sí a Dios y a su palabra, al perdón y a la penitencia. El sí a nuestros hermanos que se encarna en la limosna, la caridad y la solidaridad de compartir nuestros bienes con los que más lo necesitan, no solo los bienes económicos, sino también aquellos más intangibles o menos obvios, pero igualmente importantes, si no más: "Hay un bien que nos constituye a todos: el tiempo. La vida es tiempo. Estamos también llamados a ejercer la limosna entregando nuestro tiempo, ofreciendo nuestra vida en la cercanía a aquellos hermanos que quizás estén más solos, aquellos con los que quizás hayamos podido tener un conflicto, una dificultad u otros a los que tengamos olvidados y por los cuales deberíamos de tener una solicitud.", asegura Argüello.
"Qué buena ocasión esta Cuaresma para decir sí a los hermanos, a través de este ejercicio de la limosna en la que compartimos bienes y tiempo y pensar en el paso adelante que cada año nos propone el Señor en este tiempo de Cuaresma y Pascua, quizás dar un paso en nuestro servicio, en nuestro compromiso, en los grupos eclesiales de acción social, en la pastoral de enfermos, en el cuidado a las personas mayores, en el ejercicio del voluntariado, en Cáritas, en Manos Unidas, en Ayuda a la Iglesia Necesitada o en otras organizaciones o a través del testimonio sencillo de nuestra vida con nuestros propios vecinos. La limosna, que es proclamar la justicia en nombre de Dios, pide también de nosotros el cultivo de la formación en la Doctrina Social de la Iglesia para realizar también un ejercicio de entrega de la vida en la militancia cristiana", continúa el prelado.
Con estos dos síes, la Iglesia invita también a decir que no en Cuaresma: "Decir no a todo aquello que nos aparta de Dios, decir no a todo aquello que dificulta nuestra relación con los hermanos. El no de la Cuaresma lo llamamos ayuno, este ejercicio concreto, carnal, corporal, del ayuno y de la abstinencia en el que renunciamos a algo legítimo: comer carne los viernes o reducir nuestra alimentación, por otra parte, imprescindible para subsistir. Estar dispuestos al sacrificio del ayuno en algunos días de este tiempo de Cuaresma, precisamente para disponer el corazón al sí al Señor, al sí a los hermanos. No cabe duda de que para poder redecir sí a Dios necesitamos ayunar o abstenernos de dedicar el tiempo a otras cosas. Necesitamos disminuir el tiempo que dedicamos a ver la televisión o a estar entretenidos con las redes sociales o a cualquier otra actividad para dedicar todos los días un tiempo especialmente a Dios. Para decir sí a los hermanos, para dedicarles tiempo, para compartir nuestros bienes estamos llamados a una renuncia, a un sacrificio, a disminuir nuestros gastos en otras cosas, no solo de lo superfluo, incluso de lo necesario para vivir, a la hora de compartir con nuestros hermanos más necesitados. Y para ofrecer tiempo hace falta renunciar a eso que llamamos tiempo libre, para que nuestra libertad quiera ofrecer el tiempo en el servicio, en la ayuda a otros."
"Ánimo, amigos, vivamos este tiempo de Cuaresma como una oportunidad para hacer un exceso en la oración, en la limosna, en el ayuno y, así, disponer el corazón y renovar en la Noche Santa de Pascua nuestro Bautismo y, con la fuerza del Espíritu Santo, poder hacer una oración más intensa que termine diciendo: Señor, qué quieres de mí; y ofrecer nuestra vida como vocación para poder decir a los hermanos aquí estoy, para reconocerte como signo de la presencia de Jesús. El Espíritu nos da la fortaleza que, a veces, no tenemos para cortar y renunciar y abrir nuestras manos para que se levanten a Dios y abracen a los hermanos, siendo un signo de que somos la Iglesia llamada a la santidad. Renovemos la respuesta a esta llamada, llevando hasta sus últimas consecuencias la oración, la limosna y el ayuno. Dos síes y un no para vivir la Cuaresma" culmina en su carta Luis Argüello.





