Clausura del Año Jubilar de la Misericordia

Clausura del Año Jubilar de la Misericordia
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Mons. Ricardo Bláquez El día 20 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, tendrá lugar en Roma la clausura de la Puerta Santa, que abrió el Papa Francisco el día 8 de diciembre de 2015, coincidiendo con los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II. Ha sido un tiempo de gracia, del que sin duda nosotros nos hemos beneficiado también.
l día 13 de noviembre clausuraremos el Año Jubilar en el Santuario de la Gran Promesa; y el día anterior, día 12, en el Centro de Cáritas y parroquia de La Milagrosa. Como el Papa ha dicho, termina el tiempo cronológico del Año jubilar, cerrándose la Puerta Santa que es un signo elocuente del paso que debemos recorrer para acogernos a la misericordia de Dios. Pero, con la terminación de estos signos, no se cierra el Año de gracia proclamado por Jesús (cf. Lc. 4, 19). Continúa el Padre Dios esperándonos, la Misericordia es siempre el nombre más apropiado de Dios, la compasión de Dios era, es y será el "Corazón palpitante del Evangelio". Podemos estar seguros de "el corazón más perdido/ ya sabe que alguien lo busca" (Himno en la fiesta de Navidad). Dios existe, está cerca de nosotros, nos ama, nos perdona. Nadie tiene razón para decir que Dios no se acuerda de él y que está dejado de su mano. Todos y cada uno somos amados personalmente por Dios. La puerta de su corazón está siempre abierta. Los días 22 y 23 tuvo lugar en Madrid el I Congreso Nacional de la Divina Misericordia, que nos remite el Santuario de la Divina Misericordia que tuvimos la oportunidad de visitar durante la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, cerca del bello Santuario de San Juan Pablo II, levantado en el lugar donde estaban las minas de Solvay, en que él trabajó. Se puede trazar una línea que une tres santuarios europeos hogares primordiales de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Desde Valladolid con el Santuario de la Gran Promesa y el Bto. Bernardo de Hoyos caminando hacia el centro de Europa llegamos a Paray-LeMonial (Francia), en que vivió Santa Margarita María de Alacoque y recibió la gracia de vivir y difundir el amor del Sagrado Corazón; y prosiguiendo el recorrido llegamos a Polonia al Santuario de la divina Misericordia cerca de Cracovia, donde recibió la experiencia del amor del Corazón de Jesús santa Faustina Kowalska, canonizada el año 2000. ¡Tres focos del amor de Dios en medio de la historia de los hombres!. Precisamente en la fiesta de la Divina Misericordia, el II Domingo de Pascua del 2015, firmó el Papa Francisco la Bula de la convocatoria del Año Jubilar de la Misericordia, que está a punto de ser clausurado por él en Roma. Recordemos que el Papa Juan Pablo II murió el año 2005 el día 5 de abril precisamente la víspera de la fiesta de la Divina Misericordia. Los tres santuarios nos recuerdan reiteradamente, en diversos lugares, que necesitamos acogernos a la Misericordia de Dios, que es fuente de esperanza y fraternidad. Hace poco, los días 14 y 15 de octubre, hemos celebrado un Simposio Homenaje a Pablo VI. Pues bien, en junio de este año ha sido publicado un texto inédito, cuando era consiliario de los jóvenes estudiantes católicos en Roma, que lleva por título "Misericordia". De este escrito, recientemente conocido, son las siguientes palabras: "Misericordia. No basta decir: Dios es amor, Dios ha amado al mundo; es preciso añadir: Dios es misericordia, Dios ha amado a un mundo culpable. No a los hijos, no a simples criaturas, sino a rebeldes, a ingratos, a perdidos. A sus seres ha amado. Seres que no eran dignos. Ni útiles, ni agradables, ni buenos para sí mismos, ni buenos para El. Amando al pecador, Dios da ejemplo de suma indulgencia. Dios ama al malvado no para que sea así, sino para hacer de él alguien bueno". Dios nos ha amado cuando éramos pecadores; nos ha enviado a su Hijo no para condenarnos sino para salvarnos (cf. Jn. 3, 16-17; Rom. 8, 32). Dios en su misericordia ama al hombre no sólo como criatura, ni sólo como hijo, sino también siendo pecador a quien tiende la mano para que sea salvado. El "per-dón" es don y una forma de amor en superlativo. El nos amó primero (cf. 1 Jn. 4, 8-10. 19). Nos "primerea", dice el Papa Francisco. Nuestra esperanza se apoya en que Dios es Bueno, no en nuestra bondad. Solo de Dios es bueno (cf. Mc. 10, 18; Lc. 18, 19). Por eso, un mundo que no recibe la misericordia de Dios es un mundo sin compasión, endurecido, sin el gozo de la esperanza. Hace algunos decenios tuvo lugar en África del Sur el primer trasplante de corazón; fue un paso extraordinario en el progreso de la humanidad. Hace siglos, en un sentido metafórico ya el profeta Exequiel nos prometió un singular trasplante de corazón: "Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne" (36, 26 Cf. Sal. 50). Necesitamos todos un espíritu nuevo y un corazón de carne; necesitamos una vida nueva y un corazón sensible, compasivo, amable, servicial. Nos sobra dureza y nos falta compasión. Nos sobra indiferencia hacia los demás y nos falta vivir las obras de misericordia. Un ejemplo: Es muy difícil la estabilidad matrimonial y vivir su indisolubilidad en las pruebas, con corazones endurecidos, que van apuntando el mal recibido y no se hacen cargo del mal causado (cf. Mc. 10, 2-9). El amor compasivo de Dios puede regenerar nuestro corazón envejecido para que podamos caminar en su Ley y amar a los demás cómo El nos ha amado. "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo" (Lc. 6, 36). Del costado abierto de Jesús, muerto, en la cruz, salieron sangre y agua (cf. Jn. 19, 34), que significan, según los santos Padres, los sacramentos del bautismo y de la Eucaristía. Pues bien, según la representación que aprobó Santa Faustina Kowalska en sus experiencias místicas, Jesús derrama de su corazón un haz de rayos luminosos. Según una carta de Santa Margarita María de Alacoque del corazón de Jesús manan tres arroyos, uno de misericordia, otro de caridad, y el tercero de amor y de luz. Con unos signos u otros se manifiesta que Jesús es como una fuente del Espíritu, de un agua viva que salta hasta al vida eterna, de un amor siempre nuevo. Cerramos la Puerta Santa, pero el costado de Jesús continúa derramando su perdón y su gracia.
+ Ricardo Blázquez
Arzobispo de Valladolid





