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El testimonio de quien convive entre frecuentes tiroteos y droga: "Te asomas a la ventana y ves cómo trafican"

María del Mar y Lola trabajan desde hace años en el comedor social de Palma-Palmilla

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 14:26

Los vecinos de Palma-Palmilla (Málaga) están hartos de convivir en medio de tiroteos y drogas. Se trata de uno de los barrios más conflictivos de la segunda ciudad más habitada de Andalucía. Un barrio que en sus inicios estaba integrada por familias de clase obrera, hasta que hace unos cuarenta años se vio afectado por el boom de la drogadicción. No son pocas las ocasiones en las que las asociaciones vecinales se han unido para reclamar al Estado un refuerzo en la seguridad.

María del Mar y Lola trabajan desde hace años en el comedor social de Palma-Palmilla. La primera de ellas no vive en el barrio, motivo por el que tiene una visión algo menos oscura de la realidad que vive la zona: “Yo llevo muchos años trabajando aquí y nunca me he enfrentado a una situación de peligro o de miedo. Es cierto que hay delincuencia, pero no ocurre todos los días. La mayoría de los vecinos son gente normal.”

Lola por contra si que habita en Palma-Palmilla. Tiene tres hijos, de 18, 15 y nueve años. El estado de su barrio le preocupa: “Me preocupa mucho, pero lo que hay que hacer es no meterse en conflictos. Lo mejor es estar en casa con tu familia y no tener problemas con según qué gente.” A Lola no le gusta que sus hijos merodeen por su propio barrio. De hecho, los tres estudian en colegios que no pertenecen a la barriada.

María del Mar por su parte ha recordado que la esencia de un barrio humilde y obrero se mantiene, si bien es cierto que el boom de la droga se instaló en Palma-Palmilla hace unos cuarenta años, obligando a muchos vecinos a marcharse: “La esencia se mantiene, pero la droga ha hecho que aumenten los problemas y que haya vecinos que optaran por irse, sobre todo cuando sus hijos empiezan a crecer, para evitar así determinadas situaciones. De hecho, el precio de la vivienda aquí es el más bajo de Málaga con diferencia.”

Según las estadísticas, el 50% de los residentes en Palma-Palmilla están en situación de desempleo, pese a que la economía sumergida está a la orden del día, como matiza Lola: “Es cierto que hay mucho desempleo y eso hace que la venta de droga sea una fuente para ganar dinero en algunas familias. Y ahora la situación está algo mejor que hace unos años, cuando se vendía mucho más. También te encuentras muchas mujeres limpiando casas y cobrando en negro. Hay de todo.”

Ambas compañeras saben bien de lo que hablan, ya que al día atienden a unos cien vecinos en el comedor social donde trabajan. La mayoría son vecinos del barrio. Los motivos que les lleva a acudir a estos servicios sociales son variados: “Muchos no trabajan, otros tienen una pensión de 400 euros que no les llega para vivir dignamente, otros por su parte no han cotizado lo suficiente, y también hay casos de yonkis o rehabilitados que tratan de poner en pie sus vidas”, explican Lola y María del Mar.

Aunque trata de sobrellevarlo con humor, lo cierto es que Lola ha sufrido episodios propias de la gran pantalla: “Yo me asomo a la ventana y veo gente en el coche consumiendo droga. Ahora cada vez menos, pero ocurre, y cuando lo ves, pues a oír y callar. Otras veces yo estoy tranquila en mi casa, y escucho tiros. Aquí los tiroteos, las peleas y la droga existe. No es diario, pero es una realidad.”

La capacidad de Palma-Palmilla de generar conflictos hace que el número de establecimientos escasee. Apenas cuatro tiendas y pequeños bares. Tal vez alguna hamburguesería, pero todo queda desierto con la caída de la noche: “Aquí bares de copa hasta la madrugada no hay. De hecho tenemos una parada de taxis donde no hay taxistas. El panorama varía mucho entre el día y la noche. Pero no te encontrarás un repartidor de pizzas o de comida por la noche aquí. Yo hace poco compré una lavadora en Carrefour y el reparto se hacía solo por la mañana.”

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