León mira mucho más lejos
Escucha la Firma de José Luis Restán del lunes 13 de abril

Escucha la Firma de José Luis Restán del lunes 13 de abril
Publicado el - Actualizado
2 min lectura1:58 min escucha
Era cuestión de tiempo que un presidente como Trump, que se comporta habitualmente como un vaquero en la barra del bar, a punto de desenfundar, acabara por atacar groseramente al primer Papa estadounidense de la historia. A alguien que se siente dueño de los destinos del mundo, que no acepta controles ni contrapesos, le resulta intragable que un hombre sin poder militar ni político como el obispo de Roma, exprese con libertad, mansedumbre y firmeza, un juicio histórico que contradice sus planes. Dice Trump que León es “blando”, lo cual es bastante absurdo, prueba de ello es la irritación que le producen sus gestos y palabras. En lo que sí tiene razón es en que las intervenciones del Papa “son terribles para la política internacional”, para la suya, naturalmente.
León XIV ya ha respondido con claridad que “el Evangelio dice que somos constructores de paz y la Iglesia tiene obligación moral de hablar muy claramente contra la guerra y a favor de la paz y la reconciliación". Dicho lo cual, el Papa tiene cosas mucho más importantes que hacer y que decir, que enredarse en un “toma y daca” con Trump. Esta mañana ha llegado a Argelia, un destino que simboliza, por un lado, la gran historia del cristianismo que floreció en el norte de África con figuras como el gran Agustín de Hipona, que siguen marcando la historia de la Iglesia y de la cultura de Occidente; y por otro, el horizonte trascendental del diálogo con el mundo musulmán con vistas a la justicia y a la paz. Esas sí son cosas grandes que merecen atención.
Nada más llegar, León ha recordado que la paz no es solo ausencia de conflicto, sino expresión de justicia y de dignidad, y que solo es posible con el perdón. Ha dicho también que la fe en Dios ocupa un lugar central en esa tarea: ilumina la vida de las personas, sostiene a las familias e inspira el sentido de la fraternidad. Con su presencia y sus palabras, el Papa está mostrando la libertad de la Iglesia frente a los poderes del mundo, algo que en la Casa Blanca deberían aprender de una historia mucho más larga y densa que las bravatas de su actual inquilino.



