¡No me lavarás los pies!
La tragedia de Judas es que ya no logra creer en el perdón, y su arrepentimiento se convierte en desesperación, que acaba destruyéndole

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En el drama de la Pasión que hoy comenzamos a contemplar hay dos figuras cuyo contraste interesa comprender. Primero vemos a Judas, uno que había gozado de la cercanía de Jesús pero que, al no ver realizados sus planes se impacienta y traiciona la amistad del Maestro. Sin embargo, dice agudamente Joseph Ratzinger, la luz que Jesús había proyectado en su alma no se apagó completamente. En el último momento trata de salvar a Jesús y devuelve el dinero, reconociendo que había pecado. Su tragedia es que ya no logra creer en el perdón, y su arrepentimiento se convierte en desesperación, que acaba destruyéndole.
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