La gracia que hace florecer el desierto
Escucha la Firma de José Luis Restán del miércoles 15 de abril

Escucha la Firma de José Luis Restán del miércoles 15 de abril
Publicado el - Actualizado
1 min lectura1:49 min escucha
Desde la ciudad oriental de Annaba, muy cerca del lugar en que Agustín de Hipona forjó un magisterio de sorprendente actualidad, un discípulo suyo, nacido en Chicago, ha trazado una luminosa ruta para la Iglesia de hoy, que vive entre nuevas pretensiones imperiales, incertidumbres tecnológicas, populismos rampantes y mucha, muchísima gente buscando un camino justo para vivir. Gente que se pregunta cómo es posible un futuro de justicia y de paz, de concordia y de salvación, la misma pregunta que el maestro Nicodemo le hizo a escondidas una noche a Jesús. León XIV ha retomado la respuesta del Señor: “tienes que renacer de lo alto”. De esa misteriosa invitación brota la misión para toda la Iglesia y la esperanza para cualquier hombre y mujer en el mundo: podemos nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios. Nosotros, como Nicodemo, tenemos nuestro punto de escepticismo: “¿De verdad puede cambiar nuestra historia?, estamos tan cargados de problemas, acechanzas y tribulaciones… ¿de verdad nuestra vida puede recomenzar?”
“¡Sí!”, ha respondido León XIV dirigiéndose a la pequeña comunidad católica en Argelia, apenas un grano de mostaza: “la fe vence las dificultades terrenas y la gracia del Señor hace florecer el desierto”. Los cristianos nacemos de lo alto, no por méritos propios, no por un tremendo esfuerzo moral, sino porque la Iglesia es como un seno materno en el que se nos nutre con los sacramentos, y eso da lugar (si nuestra libertad consiente) a una humanidad renovada, a una cultura nueva, a una forma de relacionarnos que se llama “caridad”, a un impulso infatigable de construir, de servir a todos. Este es “el auténtico criterio de cualquier reforma eclesial”, ha dicho León, "una reforma que comienza en el corazón”. Desde Argelia, para la Iglesia universal y para un mundo sediento.



