Charlie Sarria, investigador: "Entre que se toman las muestras, se hace el artículo científico se suele tener esta demora"

Las pruebas genéticas a un ejemplar juvenil capturado en 2023 revelan que pertenece a una población aislada genéticamente y catalogada como vulnerable

Álvaro Criado

Madrid - Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Casi tres años después de su captura accidental, la ciencia ha confirmado lo que era un secreto a voces en el Mediterráneo. Unas pruebas genéticas han certificado que el tiburón capturado en 2023 frente a la costa de Alicante era un ejemplar juvenil de tiburón blanco de casi dos metros. El hallazgo es especialmente relevante, ya que se trata del tercer registro verificado de esta especie en el Mediterráneo en los últimos 11 años.

Un largo proceso de verificación

El biólogo marino e investigador de tiburones, Charlie Sarria, explica que la demora en la confirmación no se debe a la dificultad para identificar al animal, sino al rigor del método científico. Aunque un experto puede reconocer sus características, "entre que se toman las muestras, se hace el artículo científico, se aprueba por una revista y sale, suele tener esta demora" para que el resultado sea del todo concluyente.

EFE

Tiburón Duende

Las pruebas genéticas de PCR arrojaron una certeza de "hacia el 98 o 99 por ciento", un resultado "irrefutable" que certifica la identidad del escualo. Aunque se ha podido confundir en ocasiones con grandes marrajos, las características del tiburón blanco son muy pronunciadas.                           

Una población única y amenazada

La presencia del tiburón blanco en el Mediterráneo, aunque histórica, es cada vez más escasa y por eso su población está catalogado como Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Antiguamente, su abundancia estaba ligada a la de presas como el atún rojo o la foca monje. Ahora, los científicos investigan si la zona levantina podría ser una zona de cría, un hallazgo que sería "algo muy importante a conservar".                               

Este ejemplar, además, pertenece a una población genéticamente muy peculiar. Según Sarria, el tiburón blanco del Mediterráneo "tiene más parecido al tiburón blanco de la parte de Australia que a las poblaciones del Atlántico Norte". Esto se debe a que la población mediterránea quedó aislada genéticamente hace millones de años, lo que la hace más vulnerable.                                                                                    

Un océano sano no es un océano sin tiburones, sino con ellos"

Charlie Sarria

Investigador

¿Hay peligro para los bañistas?

El experto lanza un mensaje de tranquilidad a los bañistas: "En absoluto". El tiburón blanco es una especie pelágica, de alta mar, que "casi nunca frecuenta esas aguas costeras". Además, como recalca Sarria, el ser humano no es su presa. Los avistamientos son tan raros que el propio biólogo, que habita en el mar de Alborán, asegura que ver uno sería "un milagro y una maravilla".

El ser humano no es su presa principal"

Charlie Sarria 

Investigador

La importancia de este depredador ápice es crucial para el ecosistema marino. Su desaparición, advierte Sarria, podría producir un "efecto de cascada trófica" con consecuencias devastadoras para el equilibrio del mar. "Un océano sano no es un océano sin tiburones, sino con ellos", concluye el investigador para subrayar la necesidad de proteger a esta especie clave.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.