Alfonso Sanchidrián, barbero, sobre la IA: "A nosotros la inteligencia artificial no nos va a comer, somos de los pocos"

Sombrererías con dos siglos de historia, barberías que son auténticos museos y talleres que reviven máquinas de escribir resisten a la era digital en el corazón de la capital

Álvaro Criado

Madrid - Publicado el - Actualizado

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En una era digital donde muchos negocios tradicionales parecen condenados a la extinción, en el corazón de Madrid resiste un grupo de artesanos. Se han convertido en los guardianes de oficios casi extintos, luchando por mantener viva la historia a través de establecimientos que sobreviven gracias a su especialización y a un encanto que el tiempo no ha conseguido borrar.

Sombreros con 200 años de historia

Muy cerca de la Plaza Mayor se encuentra la Sombrerería Medrano, un negocio que ha desafiado el paso de los años. Fundada en 1832, no solo es la más antigua de Madrid, sino de toda España. Este taller centenario sigue creando piezas únicas con la misma dedicación de antaño, convirtiendo el sombrero en un objeto atemporal. Aquí acuden clientes en busca de un bombín, como el cantante Joaquín Sabina, cliente habitual de la casa, o aquellos que desean un sombrero a medida.

Héctor Medrano, la tercera generación de la familia al frente del negocio, explica la inmensa variedad que atesoran sus estanterías. "Sinceramente, no lo tenemos contado, pero habrá en stock alrededor de 6000 y pico", aunque el número varía según la temporada. Actualmente, disponen de unos 3000 sombreros. "Hay variedad para todo el mundo", asegura Medrano. La clientela es muy diversa, desde clientes nacionales y extranjeros hasta aquellos que buscan diseños especiales para fabricación a medida.

El taller no solo vive de sombreros de diario. También realizan trabajos de recreación histórica, como sombreros de la guerra de 1808, y fabrican sombreros regionales para todas las comunidades de España, además de chisteras y bombines. El icónico bombín de Sabina, un modelo clásico de fieltro de lana, es un objeto de deseo para muchos de sus fans. Junto a la foto del cantautor, cuelgan las de otros famosos como Pepe Viyuela, José Sacristán, Pablo Carbonell o Marta Sánchez.

Entre los más demandados, destaca el sombrero Panamá, un clásico del verano cuyos precios oscilan entre los 70 y los 200 euros. Medrano ve el futuro con optimismo, pues percibe que la gente está cada vez más mentalizada de la necesidad de protegerse. "Creo que está entrando un poco en valor en el imaginario de la gente como un complemento para usarlo más habitualmente, y creo que eso en el futuro se verá en que nos mantendremos aquí abiertos", reflexiona.

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Un peluquero corta el pelo en una barbería

Una barbería que es un museo

La Peluquería El 15, abierta desde 1900, es otro de los baluartes de la tradición madrileña. Este establecimiento ha superado guerras y crisis, convirtiéndose en un auténtico museo de la barbería. Conserva muebles de principios del siglo XX, sillones clásicos y un suelo hidráulico que transporta a otra época. Alfonso Sanchidrián, su actual dueño, revela el secreto de su longevidad: "Nos hemos ido actualizando, les vamos dando un servicio actual, eso sí, con un toque quizás más clásico".

Alfonso desmiente la idea de que en su local se realicen cortes de pelo anticuados. Aunque su especialidad no son los "famosos degradados" que triunfan en otras peluquerías, también los realizan con un acabado impecable. Su clientela es de "todas las edades, de todos los tipos, de todas las clases sociales", y por sus sillones han pasado celebridades como el cineasta José Luis Garci, el escritor Arturo Pérez Reverte o el jugador de baloncesto del Real Madrid, Sergio Llull.

Una vitrina del local cuenta una curiosa historia: antiguamente, albergaba las navajas personales de los clientes más pudientes. "Las navajas eran un artículo casi de lujo, porque costaban como medio mes del sueldo de una persona", explica Sanchidrián. Los dueños de estas navajas acudían a la barbería para que se les afeitara con su propia herramienta. En las paredes, las listas de precios antiguas revelan la inflación: un afeitado costaba 8 pesetas en 1964 y 20 pesetas en 1967.

Nosotros la inteligencia artificial no nos va a comer, somos de los pocos"

Alfonso Sanchidrián

Barbero

Sanchidrián mira al futuro con total confianza, convencido de que su oficio es inmune a las amenazas tecnológicas. "Nosotros la inteligencia artificial no nos va a comer, somos de los pocos", afirma con rotundidad. Su argumento es sencillo y poderoso: "Yo me creo que nadie se va a fiar de una máquina que le corte el pelo". Por ello, augura un largo porvenir para su negocio: "Igual que hemos sobrevivido ya 125 años aquí, nos quedan otros 125, por lo menos".

Nadie se va a fiar de una máquina que le corte el pelo"

Alfonso Sanchidrián

Barbero

El doctor de las máquinas de escribir

En el madrileño barrio de Pacífico, el nostálgico traqueteo de las máquinas de escribir resiste en Máquinas Montilla. Se trata de uno de los últimos talleres dedicados a reparar estas joyas mecánicas, regentado por Antonio García. En el momento de la visita, se encuentra inmerso en la "restauración completa" de una Hispano Olivetti, estudio 46, una máquina ochentera que ha sufrido una inundación en un trastero. "Se está puliendo entera óxido, y se está restaurando todas las gomas, y volviéndola a ser servible", detalla.

Antonio explica que el perfil del cliente que acude a su taller abarca "de 0 a 100 años". Son muchos los que se sienten atraídos por el encanto de estas máquinas, incluyendo "niños y adolescentes que les atrae el mundo este de las de las máquinas". Su labor minuciosa y experta consigue devolver a la vida a estos aparatos, permitiendo que el eco de su característico sonido siga resonando en un mundo dominado por los teclados silenciosos.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.