El hipnótico ‘clic, clic, clic’ que resiste en Barcelona: la familia que devuelve la vida a las máquinas de escribir
Tres generaciones de artesanos mantienen vivo en Hostafrancs un oficio con historia por el que pasaron clientes como el escritor británico Tom Sharpe

Adam Brillas , tercera generación de Casa Brillas
Barcelona - Publicado el
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En el barrio de Hostafrancs, en Barcelona, sobrevive un negocio que se resiste al paso del tiempo. Se trata de Casa Brillas, uno de los últimos talleres artesanales de la ciudad dedicado a reparar máquinas de escribir. Al frente se encuentra Adam Brillas, la tercera generación de una familia que ha mantenido vivo un oficio que acumula una larga historia y donde todavía se puede escuchar el hipnótico sonido de las teclas.
Un legado familiar forjado en la posguerra
La historia de Casa Brillas se remonta a la posguerra. "Mi abuelo empezó con esto", explica Adam Brillas. En aquella época, era un aprendizaje. Después de la guerra, montó el negocio y "buscaba las máquinas en bicicleta, las portaba aquí, las reparaba y las devolvía". Toda la familia ha estado ligada a las máquinas, incluyendo las calculadoras. Para Adam, continuar con el taller es una mezcla de nostalgia y la conciencia de que "ya no queda nadie" que se dedique a ello.

El romanticismo de muchas personas por tener una máquina de escribir antigua
Él mismo ha crecido entre los mecanismos de estos aparatos. "Lo he mamado desde pequeño", reconoce, recordando cómo se hacían antes las facturas, con papel de calco y sin margen de error. Su padre, Manel, todavía pasa por el taller, siendo una fuente de conocimiento constante para él: "me las apaño para preguntarle las cosas que yo no sé", comenta Adam.
De Tom Sharpe a las crónicas de periodistas
Por las manos de esta familia han pasado auténticas joyas. Una de las anécdotas más recordadas es la del escritor británico Tom Sharpe. "Vivía en la Costa Brava y tenía una máquina electromecánica que traía a reparar", relata Brillas. En una ocasión, la reparación no fue posible y el autor de sátira inglesa acabó comprándoles una nueva máquina en el propio taller.
También han trabajado con modelos históricos, como las máquinas de escribir con palancas de fusta que todavía conservan y funcionan. Otro ejemplo son las míticas Corona, las primeras máquinas plegables que, con apenas un kilo de peso, eran las preferidas de "los periodistas de la época para escribir las crónicas", según detalla el artesano.
Cada máquina es es única"
La ‘huella dactilar’ de cada máquina
Reparar una máquina de escribir es una tarea de precisión. Uno de los trabajos más habituales es alinear los tipos, es decir, las letras. Según Brillas, este ajuste es lo que define la "huella dactilar de cada máquina". "Cada máquina tiene su 'a', su 'b'... es única", insiste. Esta singularidad hace que cada reparación sea un reto diferente.
A los más jóvenes les flipa"
Uno de los mayores desafíos del oficio es la falta de piezas de recambio. "Ya no se fabrica nada", lamenta Adam Brillas. La solución pasa por el ingenio y el canibalismo entre máquinas: se ven obligados a comprar otros aparatos antiguos para poder usar sus componentes y dar una segunda vida a las que llegan al taller. "Si no, sería imposible", sentencia.
A pesar de la era digital, la tienda sigue recibiendo clientes. El perfil es variado: desde coleccionistas hasta jóvenes fascinados por la mecánica. "A los más jóvenes les flipa", comenta Brillas, sorprendido por el interés que despierta en una generación acostumbrada a las pantallas. "Es curioso, porque en la era de los ordenadores, tocan una tecla y escribe. Les agrada", añade.

La imagen de ver a muchas mujeres a la vez tecleando era muy habitual
También acuden personas que simplemente desean conservar un recuerdo familiar, como "la máquina de la abuela". Adam Brillas, que no esperaba esta resiliencia del oficio, admite que es "una lástima" pensar que acabará por desaparecer, pero mientras tanto, él continúa insuflando vida a estas piezas de historia en su taller de la calle del Moianès, 68, un lugar que es en sí mismo un pequeño museo.
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