"Combatir la desinformación no va solamente de desmentir, va de esperar, de contrastar, de dudar incluso de lo que nos gustaría que fuera cierto"

La comunicadora de 'La Tarde' analiza cómo en situaciones de tragedia como la del accidente de Adamuz, la desinformación y los bulos predominan

- 3 min lectura | 4:57 min escucha

Como con cada tragedia en los últimos años la oleada de solidaridad y empatía con las víctimas llega a las redes sociales y a los medios, acompañada también de algo más, de un buen número de bulos. Bulos que no nacen del dolor, pero que se de él y que acaban formando un círculo peligroso de desinformación. Nos pasa siempre y pasa además cuando más sensibles estamos, cuando más necesitamos certezas y cuando más verdad pedimos. Está pasando estos días con la tragedia ferroviaria de Adamuz. En medio del shock, del duelo, de la espera, la información falsa corre más rápido muchas veces que la información confirmada. Te voy a poner dos ejemplos. El primero, el perro Boro. Viajaba en el tren siniestrado junto a su dueña Ana y junto a la hermana de esta que está embarazada y que se encuentra ahora mismo en la UCI.

Ayer durante muchas horas en redes sociales se difundió que Boro había aparecido. Es que se difundieron fotos, mensajes, celebraciones en redes, pero no, no era verdad. Y Ana, destrozada, tuvo que pedir anoche públicamente algo tan básico como esto. Por favor, no difundáis bulos.

La buena noticia es que finalmente Boro ha aparecido y nos alegramos infinito de ello, pero ha sido esta mañana, no ayer como se estuvo diciendo prácticamente durante todo el día. Segundo ejemplo, las imágenes del accidente. Desde el primer momento se difundieron algunas fotos de trenes destrozados que no tenían nada que ver con Adamuz, incluso una imagen generada por inteligencia artificial con bomberos rodeando los vagones destrozados. Esa imagen se publicó, esa imagen se compartió, incluso medios que habitualmente velan por ser especialmente escrupulosos con la información cayeron en la trampa. Luego, eso sí, lo corrigieron. Pero qué difícil es gestionar esto, ¿eh? No caer en la trampa del bulo y ahora no caer en la trampa de la inteligencia artificial

Te he puesto dos ejemplos de esta misma semana, pero la desinformación no es nada nuevo. Seguro que recuerdas la Dana, el famoso parking de Bonaire, mensajes virales hablando de un cementerio bajo tierra, miles de mensajes y vídeos compartidos, millones de visualizaciones, cientos decían en esos mensajes que hacía había cientos de cuerpos bajo el agua con de personas desaparecidas que supuestamente estarían en el de ese parking valenciano. El bulo se compartió más de 10,000 veces y alcanzó casi los 4 millones de visualizaciones.

Fíjate lo que llegamos a escuchar, ¿eh? Y nada de esto era cierto. La policía lo desmintió, pero el miedo ya había corrido por por delante. Otro ejemplo, el prusés catalán, octubre de 2017, el vídeo de la mujer que aseguraba que la policía le había roto todos los dedos de la mano. Un símbolo. Después ella misma reconocía que no era verdad. Y podríamos seguir. La pandemia del covid-1 fue posiblemente el mayor laboratorio de bulos que hemos visto últimamente. Vacunas que mataban, microchips, gráficos falsos, rumores que no solamente desinformaron, sino que pusieron en riesgo vidas. Y aquí viene mi reflexión. Los bulos no aparecen porque sí. Los bulos aparecen cuando hay miedo, cuando hay vacío informativo, también cuando hay dolor y cuando queremos respuestas rápidas a preguntas que no las tienen.

Por eso combatir la desinformación no va solamente de desmentir, va de esperar, de contrastar, de dudar incluso de lo que nos gustaría que fuera cierto, porque compartir un bulo no es inocuo, puede hacer más daño del que imaginamos y porque en medio de una tragedia, la verdad, aunque llegue más despacio, sigue siendo el único lugar seguro al que poder agarrarse.

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