

"En la calle, la gente ya nota en el bolsillo que la guerra está impactando los precios de muchos productos"
Escucha el monólogo de Pilar García Muñiz del viernes 27 de marzo
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Mañana se cumple un mes de la guerra en Irán y las consecuencias las estamos notando todos en nuestros bolsillos. La incertidumbre sobre la duración que tendrá el conflicto agrava el panorama.
El dato adelantado del IPC de marzo que hemos conocido esta misma mañana nos indica que la inflación ha subido hasta el 3,3%, un punto más que el pasado mes de febrero.
El encarecimiento de los carburantes provocado por la guerra ha sido el factor fundamental para un alza que coloca a los precios en su nivel más alto desde junio de 2024.
Este dato ya tiene en cuenta la rebaja de impuestos a los carburantes, incluida en el paquete anticrisis, que ayer, por cierto, validó el Congreso. Pero su efecto ha sido limitado; solo ha influido en la última semana de este mes de marzo.
El gobierno defiende que la apuesta por las renovables, que hoy fijan el precio de la luz en el 84% de las horas, frente, por ejemplo, al 25% de 2019, está actuando como escudo frente al shock energético por la guerra en Irán.
El dato adelantado del IPC no recoge los precios detallados de los alimentos. En la calle, la gente ya nota en el bolsillo que la guerra está impactando los precios de muchos productos.
En el corto plazo Funcas, el servicio de estudios de las cajas de ahorro es optimista por el colchón que supone las rebajas del a los productos energéticos y las ayudas directas a los sectores afectados.
Pero, ¿qué ocurre si la guerra se estanca durante meses? Hoy mismo el Banco de España ha alertado que la inflación se dispararía hasta un 6% si la guerra no logra resolverse antes de que termine este 2026. En ese escenario, el peor de los posibles, calcula el supervisor bancario que la economía española apenas crecería el 1,9%.
Los técnicos del Banco de España admiten que no tienen una bola de cristal y que la situación es tan sumamente volátil que hacer previsiones es muy complicado. Si el conflicto termina pronto, calculan que los precios de la energía podrían empezar a normalizarse para el verano.
Los economistas hacen planes de futuro, pero chocan con la realidad de unos dirigentes políticos que tampoco tienen muy claro por qué entraron en esta guerra y cómo van a salir de ella.
Donald Trump busca un acuerdo rápido. Los iraníes resisten y no tienen prisa y al primer ministro israelí le conviene alargar el conflicto. Con intereses tan dispares. Hacer pronósticos es como andar en el alambre. La única certeza es que todo está más caro.



