La foto: “El vecino insensato se ha convertido en el presidente de la cofradía de los cínicos”
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Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención hoy la han hecho hace unas horas en la ciudad China de Hubei. Detrás de un río ancho, sereno y gris unos bloques de pisos se empinan buscando un cielo bajo y también gris. Un puente muy grande cruza el brazo de agua y el peso lo sostienen unas liras de cemento que lanzan hacia arriba miles de cuerdas hormigonadas. El retrato tiene en primer plano el otro lado del río, la orilla al otro lado de la ciudad. Ha nevado y hasta el borde de la corriente se asoma una playa blanca con toda su nostalgia de pureza. Debajo del cielo de anís y plata, junto al plomo del agua, sobre el nevazo, un vecino en bañador se ejercita. Ha hundido manos y pies en el frío algodón y hace flexiones. Casi desnudo sube y baja el peso de su cuerpo. La suya es una voluntad de hierro, o al menos eso cree. Todo lo que se propone lo lleva a cabo, o al menos eso cree. No hay brecha alguna entre sus intenciones y sus acciones, o al menos eso cree. Le basta saber que algo va a ser bueno para él, para su familia, para la ciudad, para su patria, y aunque sea muy caro en energía y en afectos, lo pone en práctica. O al menos eso cree. Bueno a veces, es verdad flaquea, a veces le vence un poco la pereza, la lujria, la avaricia, el orgullo, la desidia, la maledicencia. Pero está a punto de resolver estos pequeños fallos. O al menos eso cree. Lleva cuarenta años intentándolo. El insensato vecino no lo es porque se bañe entre hielos, porque se desnude en pleno invierno. La insensatez del vecino radica en la absoluta, inquebrantable, incuestionable confianza que deposita en su voluntad. El vecino insensato, incapaz de mirarse en la imagen que le devuelve el espejo de los carámbanos, se ha convertido en el presidente de la cofradía de los cínicos.



