La foto: “En los apartamentos destruidos hubo aprensión, compasión, ternura maternal, reflexiones, amistades"
Eschucha la foto del día de Fernando de Haro

Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención hoy no me ha llamado la atención en el primer golpe de vista. Tengo que reconocer, aunque me pese, que estoy acostumbrándome a las devastaciones. Pasan desde hace días ante mi las fotos de destrucción y muerte y tengo que hacer un esfuerzo: me digo que todo es real, tan real como la alcachofa de la ducha o la cara de la barista que me atiende a la hora de comer. La foto es de un bloque de pisos que está envuelto en un humo blanco. Huele a polvo, hierro y plástico quemados. Un incendio ha tiznado de negro la fachada. Al edificio le falta la parte central que yace en el suelo convertida en escombros. Parte del muro en el que se abrían las ventanas de los últimos pisos no se ha derrumbado. Y los huecos sin cristal parecen ojos abiertos a la nada. Las paredes que ya no están sirvieron de refugio para recuerdos de la infancia, para lágrimas de felicidad. Las puertas que han volado recogieron la amargura de muchas separaciones. En cada uno de los apartamentos destruidos hubo aprensión, compasión, ternura maternal, reflexiones sobre la muerte, tristezas, amistades. También hubo allí esperanzas repentinas, emboscadas de alegría, suposiciones felices. Y, sobre todo ese apetito de libertad que es un gusano que todo se lo come. Hubo allí esa avidez de libertad que todo lo domina. El edificio ha sido destruido, los niños han abandonado los colegios, los jóvenes se van quedando huérfanos, los amores dejan de tener futuro. Son los frutos amargos, inimaginables de la violencia. El invasor tiene que usarla, tiene que usar una violencia eterna. Pero no consigue detener el ansia de libertad, de hecho, la ha agrandado, la ha intensificado. Esa ansia es la luz de los que vivián en el bloque bombardeado, es la luz de todos.



